dl50 Internet está lleno de ranking enumerando las criaturas más venenosas del planeta. Teniendo en cuenta que existen entre 5000 y 1000 toxinas diferentes de origen animal, uno se pregunta cómo se establecen estas escalas. ¿Encuestan a los infortunados supervivientes para ver quien sufrió más? ¿Cronometran la agonía de aquellos a quienes muerden las serpientes en tierras ignotas? No, claro que no. Para eso los científicos usan el concepto Dosis Letal 50%, o para abreviar DL50.

Básicamente, lo que hacen es calcular la dosis necesaria que hace falta para matar en 24 horas al 50% de los animales de un grupo de control. Obviamente ese grupo de control no está integrado por humanos. El dudoso honor de morir por la ciencia en algún laboratorio, le corresponde (normalmente) a los ratones. Entonces, si decimos por ejemplo que el veneno de la serpiente taipán del interior es más mortífero que el de la mamba negra ¿lo hacemos hablando desde la perspectiva humana? Pues no exactamente, y de hecho tal vez la reacción en ratones sea ligeramente diferente a la acaecida en humanos, pero claro… a ver a quien convence a un grupo de bípedos chiflados para que nos den su veredicto entre estertores agónicos.

Por si esto no fuera poco, la cantidad de veneno producida por cada ejemplar de, digamos, medusa avispa de mar no es el mismo. En base a su edad, estado de salud y otros factores, la potencia del veneno puede variar bastante de uno a otro espécimen de la misma especie. Por tanto, los citados rankings se basan en cierto modo en conjeturas. No obstante, la ciencia sigue siendo nuestra mejor opción para establecer la peligrosidad de una toxina. Cuando los investigadores hacen su trabajo y miden, por ejemplo, que la DL50 de una araña viuda negra en ratones es de 0,9 mg de veneno por kilogramo de ratón, mientras que la taipán de interior tiene una DL50 de 0,03 mg, la conclusión de que el veneno del reptil es treinta veces más potente que el del arácnido parece bastante razonable.

Así que, yo no me tomaría al pie de la letra esos listados de potencia letal animal que parecen gustar tanto a los lectores. Y si de todos modos os quedáis con ganas de saber qué criaturas compiten por ser la más ponzoñosa del mundo, seguramente será alguna de las incluidas en esta pequeña lista.

Soy tremendamente optimista con mi especie
Soy tremendamente optimista con mi especie

Como físico teórico que trabaja en Cambridge, he vivido mi vida en una burbuja extraordinariamente privilegiada. Cambridge es un pueblo muy poco usual, ubicado alrededor de una de las mejores universidades del mundo. Dentro de ese pueblo, la comunidad científica de la que empecé a formar parte a mis 20 años, está aún más enrarecida.

Y dentro de esa comunidad científica, el pequeño grupo internacional de físicos teóricos con quienes he pasado mi vida laboral, podría a veces sentirse tentado de considerarse a sí mismo como la cima del mundo. Además, con la fama que adquirí a raíz de mis libros, y el asilamiento que mi enfermedad me ha impuesto, siento como si mi torre de marfil se estuviese haciendo más alta.

De modo que el reciente rechazo aparente de las élites que hemos visto tanto en Estados Unidos como en el Reino Unido, seguramente está dirigido a mi, tanto como a cualquiera. Sea lo que sea que pensemos sobre la decisión del electorado británico de rechazar la membresía en la Unión Europea, y del público estadounidense de abrazar a Donald Trump como su próximo presidente, en la mente de los comentaristas existe sin duda la certeza de que ambas decisiones son gritos de ira lanzados por personas que se sentían abandonadas por sus líderes.

Fue, todo el mundo parece estar de acuerdo, el momento en que hablaron los olvidados, en el que encontraron sus voces para rechazar el consejo y la orientación que les daban los expertos y la élite en todas partes. No soy una excepción a esta regla. Antes del voto sobre el Brexit, advertí que dañaría la investigación científica en Gran Bretaña, que un voto de salida sería un retroceso, y el electorado -o al menos una proporción lo suficientemente significativa- no me prestó más atención que a cualquiera de los otros líderes políticos, sindicalistas, artistas, científicos, hombres de negocios y celebridades, que dieron el mismo consejo, no atendido, al resto del país.

Lo que importa ahora, mucho más que las decisiones tomadas por estos dos electorados, es cómo reaccionan las élites. ¿Deberíamos, a su vez, rechazar estos votos como efluvios de populismo crudo que no tienen en cuenta los hechos, mientras intentamos eludir o circunscribir las decisiones que representan? Yo diría que este sería un terrible error.

Las preocupaciones subyacentes en estas votaciones sobre las consecuencias económicas de la globalización y la aceleración del cambio tecnológico son absolutamente comprensibles. La automatización de las fábricas ya ha diezmado los trabajos en las manufacturas tradicionales, y es probable que la implantación de la inteligencia artificial extienda esta destrucción de trabajo entre las clases medias, conservando solo los relativos a la asistencia médica, los creativos o los de supervisión restantes.

Esto a su vez acelerará la ya creciente desigualdad económica en todo el mundo. Internet y las plataformas que la hacen posible, permitirán que grupos muy pequeños de individuos consigan enormes ganancias, a pesar de generar muy pocos puestos de trabajo. Esto es inevitable, es progreso, pero también es socialmente destructivo.

Tenemos que unir esto al fracaso financiero, que trajo a los hogares de la gente la certeza de que unos pocos individuos que trabajan en el sector financiero pueden acumular grandes recompensas, y que al resto de nosotros solo nos queda suscribir ese éxito y pagar las facturas cuando su codicia nos lleva por mal camino. Así que, juntos, vivimos en un mundo de creciente desigualdad financiera, en el que muchas personas pueden ver desaparecer, no sólo su nivel de vida, sino también su capacidad para ganarse la vida. No es de extrañar entonces que estén buscando un nuevo acuerdo, que aparentemente podría estar representado por Trump y el Brexit.

Es también el caso de que otra consecuencia involuntaria de la propagación mundial de Internet y de los medios de comunicación social, hace que la naturaleza absoluta de estas desigualdades sea mucho más evidente ahora de lo que lo ha sido en el pasado. Para mí, la capacidad de usar la tecnología para comunicarse ha sido una experiencia liberadora y positiva. Sin ella, no habría podido seguir trabajando en todos estos últimos años.

Pero también significa que las vidas de las personas más ricas, en las partes más prósperas del mundo, son agonizantemente visibles para cualquier persona, aunque sea pobre, que tenga acceso a un teléfono. Y puesto que ahora hay más gente con un teléfono que con acceso al agua potable en el África subsahariana, esto significará pronto que casi todos en nuestro planeta, cada vez más atestado, no podrán escapar de la desigualdad.

Las consecuencias de esto son claras: los campesinos pobres acuden a las ciudades, a los barrios de chabolas, impulsados por la esperanza. Y a menudo, al descubrir que el nirvana de Instagram no está disponible allí, lo buscan en el extranjero, uniéndose a un número cada vez mayor de migrantes económicos en busca de una vida mejor. Estos migrantes a su vez, ponen a prueba las infraestructuras y economías de los países a los que llegan, socavando la tolerancia y alimentando aún más el populismo político.

Para mí, el aspecto realmente preocupante de esto es que ahora, más que en ningún otro momento de nuestra historia, la especie humana necesita trabajar unida. Nos enfrentamos a desafíos ambientales impresionantes: el cambio climático, la producción de alimentos, la superpoblación, la desaparición de otras especies, las enfermedades epidémicas, la acidificación de los océanos.

Juntos, son un recordatorio de que estamos en el momento más peligroso en el desarrollo de la humanidad. Ahora contamos con la tecnología para destruir el planeta en el que vivimos, pero aún no hemos desarrollado la capacidad de escapar de él. Tal vez en unos cuantos cientos de años, habremos establecido colonias humanas entre las estrellas, pero en este momento sólo tenemos un planeta, y tenemos que trabajar juntos para protegerlo.

Para hacer eso, necesitamos romper las barreras dentro y entre las naciones, no construirlas. Si queremos tener la oportunidad de hacerlo, los líderes del mundo necesitan reconocer que han fracasado, y que siguen haciéndolo la mayoría de las veces. Con recursos cada vez más concentrados en manos de unos pocos, vamos a tener que aprender a compartir mucho más que de lo que lo hacemos en la actualidad.

Desapareciendo no sólo los empleos, sino industrias enteras, debemos ayudar a la gente a capacitarse para un nuevo mundo, y apoyarlos financieramente mientras lo hacen. Si las comunidades y las economías no pueden hacer frente a los niveles actuales de migración, debemos hacer más para fomentar el desarrollo global, ya que es la única manera de persuadir a los millones de migrantes para que busquen su futuro en casa.

Podemos hacerlo, soy tremendamente optimista con mi especie; pero requerirá que las élites, de Londres a Harvard, de Cambridge a Hollywood, aprendan las lecciones de este año. Aprender, sobre todo, una porción de humildad.

Stephen Hawking

Encontré este texto (en inglés) en The Guardian

lunch_on_a_skyscraper_postcard_big El 20 de septiembre de 1932, tres fotógrafos llamados Charles Ebbets, Thomas Kelley y William Leftwich, visitaron las obras de un rascacielos en construcción en Nueva York. El edificio en cuestión era el Rockefeller Plaza, con una altura de 70 pisos – o si lo preferís 256 metros – y sobre su esqueleto, uno de los tres (no sabemos quién), tomó una de las fotografías más icónicas del siglo XX, la así llamada: ”Almuerzo en un rascacielos”.

La revista Time acaba de hacer una selección de las 100 imágenes más influyentes de todos los tiempos entre las que por supuesto se incluye la que abre este post. Tras un rápido vistazo descubro también otros iconos reconocibles universalmente, como el triste símbolo de la guerra civil española: la inmortal “Muerte de un miliciano” de Robert Capa. Merece la pena echarles un vistazo reposado y recapacitar sobre lo que representan.

Pero volvamos con la imagen que abre este post. Por lo que puedo escuchar en el emotivo vídeo que aparece sobre estas líneas, no solo desconocemos la identidad del fotógrafo, es que además los 11 hombres que aparecen tranquilamente almorzando de espaldas a Central Park tampoco fueron nunca identificados. La imagen es un símbolo del crecimiento vertical de Nueva York en unos tiempos difíciles, tras la crisis del 29, en la que se pretendía que el país dejase atrás la Gran Depresión enfatizando lo importante de tener una actitud positiva.

La intención de la imagen era pues publicitaria, el estado pretendía con ella dar una inyección de optimismo patriótico que elevase la moral de la gente. Hay quien sostiene que la foto fue manipulada, de hecho yo mismo no me acabé de creer nunca que el instinto de supervivencia de esos once trabajadores, les permitiese arriesgar la vida y posar así de despreocupados. Fuese como fuese la imagen es fascinante e innegablemente histórica.

Por fotos así lleva uno toda la vida deseando visitar Nueva York.

PD. En el vídeo aparece otra imagen de los protagonistas, tomada el mismo día, en la que saludan al fotógrafo sombrero en mano.

Me enteré leyendo Petapixel.

plumas-y-colores-preservados-durante-130-millones-de-anos La imagen que veis sobre estas líneas pertenece a un fósil magníficamente preservado de Eoconfuciusornis (lo cual podríamos traducir como “ave temprana Confucio”), que se encontró en China en 2008 y que vivió hace unos 130 millones de años.

Con semejante edad, este espécimen es el pájaro más antiguo del que se tiene constancia científica, ya que otras especies anteriores en el tiempo como el famoso Archaeopteryx son consideradas proto-pájaros (una forma intermedia entre los dinosaurios y las actuales aves). El Eoconfuciusornis, del tamaño de un cuervo, es el primer pájaro que posee un pico queratínico que carece de dientes, característica que comparte con los pájaros actuales.

¿De qué color eran esas plumas cuando el pájaro estaba vivo? Para descubrirlo, un equipo internacional de biólogos y arqueólogos de China y Estados Unidos, ha analizado las proteínas microscópicas de las plumas empleando una técnica que nunca se había aplicado con fósiles.

Lo que reveló este trabajo, es que las plumas de este ave primigenia no solo contienen unos pequeños orgánulos llamados melanosomas, sino también evidencias de beta-queratina, una proteína situada en la matriz fibrosa que rodea a los melanosomas.

Con anterioridad a este estudio, ya se habían descubierto melanosomas en otras criaturas fosilizadas, sin embargo hasta ahora no quedaba claro si estas pequeñas estructuras redondas pertenecían al animal muerto, o si en realidad provenían de los microorganismos, asociados a la descomposición, que recubrieron el cadáver del animal y ayudaron a preservarlo durante el proceso de fosilización.

Lo cuenta la propia investigadora principal, Mary H. Schweitzer:

“Si estos pequeños cuerpos resultaban ser melanosomas, debían estar incrustados en una matriz queratínica, ya que las plumas contienen beta-queratina. En cambio, si no pudiéramos encontrar esa queratina, entonces esas estructuras podrían ser fácilmente microbios, o una mezcla de microbios y melanosomas”.

Lo más interesante de este trabajo, es que podría abrir las puertas a que un día los científicos puedan llegar a inferir el color de los dinosaurios, cuestión que lleva debatiéndose durante años.

Podéis consultar el trabajo del equipo de biólogos evolutivos dirigido por la citada Mary H. Schweitzer (Universidad Estatal de Carolina del Norte) en PNAS.

Me enteré leyendo Washington Post.

un-pulpo-en-un-garaje Según un viejo dicho coloquial, cuando uno se encuentra totalmente fuera de lugar se le aplica aquello de estar más perdido que un pulpo en un garaje. Imaginad mi sorpresa cuando hoy leo en el diario Miami Herald, que han encontrado (y fotografiado) a uno de estos cefalópodos paseándose por un garaje en Miami Beach.

¿Cómo es posible? Bien, la ciencia como siempre tiene la explicación. La semana pasada, coincidiendo con unas mareas particularmente altas a la que en el sur de Florida llaman King tide, el nivel del agua subió por encima de lo acostumbrado. Hay que decir también que el garaje en el que se tomó la foto está parcialmente por debajo del nivel del mar.

Cuando se diseñó la red de desagues de este edificio hace unos cuantos años, las tuberías quedaban siempre por encima del nivel del mar, pero el calentamiento global, cuyos efectos empezamos a notar ya en forma de elevación del nivel de las aguas, unido al efecto de la “marea reina”, hizo que las tuberías se sumergieran, lo cual inundó parcialmente el suelo del garaje.

Como sabéis, el pulpo es el más inteligente de los invertebrados. Carecer de partes duras le convierte en un auténtico Houdini del reino animal, y si no ¡qué le pregunten a este pulpo almeja! Obviamente, el pulpo perdido en el garaje de Miami Beach no desaprovechó la ocasión de explorar nuevos territorios que le brindaba la canalización inundada.

Imágenes como estas se volverán más y más habituales a medida que pase el tiempo, porque os recuerdo que se espera que para 2100 el nivel del mar suba unos 90 centímetros. Si vas regularmente a Gijón y, como yo, aparcas en el Parking de Fomento, que también está parcialmente bajo el nivel del mar y pegado al puerto deportivo, fíjate en el suelo la próxima vez que tengamos mareas vivas, tal vez puedas llevarte a casa el ingrediente principal del pulpo a feira.

Por primera vez, el titular resume por completo lo que quería deciros en este post. ¿Por qué no debe hacerse? La explicación la dio el bueno de Francis ya en 2012:

La temperatura de ebullición del nitrógeno líquido es -195,8 °C a presión atmosférica. Encerrado en una botella con tapón, la presión del gas crece hasta el extremo de que las paredes y el tapón ya no son capaces de contener el gas y se produce una explosión que libera el gas de su interior.

Así que ¡por favor! no realicéis este experimento nunca, bajo ningún concepto. El tontolaba de laboratorio que aparece en el vídeo ha tenido mucha suerte, ya que podría haber sufrido heridas muy serias, tanto en la mano con la que sostenía la botella, como en los tímpanos, ya que el sonido producido por la deflagración es de los que hacen pupa, especialmente en un lugar cerrado.

Al menos este otro chico ruso cuyo vídeo aparece hoy en Digg si toma ciertas medidas de seguridad, como alejarse a toda pastilla de la botella nada más cerrada, manejarla a distancia (lo de “manejar” es un decir) y hacer el memo al aire libre en un lugar poco transitado.

manejar-con-cuidadoNota: el vídeo que abre este post apareció publicado en io9 ya en 2012, pero lo rescato hoy porque gracias a Digg y al vídeo de Crazy Russian Hacker, el tema vuelve a estar de actualidad.

Yo que jugué lo mío al Sid Meier’s Civilization a comienzos de los 90, he disfrutado de lo lindo viendo el vídeo que os muestro sobre estas líneas. Preparado por el Museo de Historia Natural de los Estados Unidos, la animación muestra el crecimiento de la población humana a lo largo de los últimos 200.000 años.

Da realmente miedo ver lo que ha sucedido en los últimos 200 años, una auténtica explosión demográfica incontrolada que se inició con la llegada de la revolución industrial y que ha ido aumentando desde entonces, a veces de forma exponencial, hasta alcanzar (según las previsiones de los autores) los 11.000 millones de personas a finales de este siglo.

A medida que nos extendíamos por la superficie del planeta, el crecimiento poblacional era lento, y de hecho en ocasiones se dieron retrocesos (como sucedió con los brotes de la peste negra en el medievo en Europa). Por eso no es de extrañar que a la humanidad le costase 200.000 años alcanzar una población de 1.000 millones. Sin embargo, tras ese hito y en solo 200 años más, crecimos hasta ser 7.000 millones de almas.

Afortunadamente hemos detenido ese crecimiento viral, absolutamente insostenible, a medida que las mujeres comenzaron a tener menos hijos de media. ¿Cuándo se alcanzará el pico en la población global? ¿Qué podemos hacer para reducir el impacto en los recursos terrestres que tendrán esos 11.000 millones de humanos previstos para 2100? Interesantes preguntas de cuyas respuestas (esperamos que acertadas) dependerá nuestro futuro como especie.human-population-projection Yo por si acaso me tomaría muy en serio la advertencia de Stephen Hawking en 2013, cuando afirmó que no sobreviviríamos otros 1000 años sin abandonar nuestro frágil planeta.

Me enteré leyendo Boing Boing.

caratula-libro-ojo-magico

Tal vez los recordéis. Los dichosos libros de “El ojo mágico” se pusieron de moda durante la década de los 90 y quisieras o no quisieras, terminabas enfrentado a algún garrulo que se presentaba con el libro debajo del brazo, te lo plantaba delante del careto y se pavoneaba frente a ti preguntando aquello de “¿lo ves o no lo ves?”.

Se supone que aquellas ilustraciones eran como una especie de campo de ruido, o de distorsión, que contenían “mágicamente” (eso decían los editores, claro) una imagen en 3D que tu, pobre mortal, tenías que conseguir ver.

Yo, como podéis adivinar, no conseguí jamás ver nada en ellos. Sabía que si me concentraba, como mucho podría obtener un ataque epiléptico ante tanto colorín desbocado.

A consecuencia de mi incapacidad, hordas de chavales fascinados con el asunto me daban consejos a cada cual más tonto: ponte bizco, concéntrate en los alrededores, mira sin mirar, pon tu mente en blanco. Recibí incluso recomendaciones del tipo intelectual: usa la técnica del enfoque profundo como hizo Toland en Ciudadano Kane. ¡Nada! Estaba claro que yo no servía, mis ojos estaban más ciegos que los de José Feliciano en una noche de eclipse.

Afortunadamente yo no estaba solo. Aquí y allá, otros valientes esquivaron el efecto borrego y reconocieron que tampoco veían una mierda emergiendo de esos galimatías de colores. ¿Pero por qué unos si y otros no?

Por fin, tantos años después, recibo una pista fiable. El problema de los que no vemos la imagen 3D oculta tras los píxeles de colores tiene que ver con la visión binocular (o estereoscópica).

olas-ojo-magico

Para ver imágenes estereoscópicas 3D, sus ojos tienen que trabajar conjuntamente como un equipo coordinado. Si no tiran juntos del carro, va usted a experimentar fallos en su visión binocular o estereoscópica, en la que las dos vistas (ligeramente diferentes) de cada ojo se combinan en el cerebro. Hay varias cosas que pueden provocar un deterioro de la visión binocular, siendo las más comunes: las desviaciones o desalineaciones de uno o ambos ojos (“ojos cruzados” o estrabismo), situaciones donde un ojo es dominante porque la estimulación visual o bien se transmite mal, o bien directamente no se transmite desde uno de los ojos. También puede influir el astigmatismo o las cataratas. Si usted cree que puede tener un problema ocular, vaya a ver a un oftalmólogo para que pueda comprobar el estado de su visión binocular, y tratarla si fuera necesario.

Eso lo explica todo, porque años más tarde descubrí que (además de daltónico) veo mejor por el ojo izquierdo que por el derecho. ¡Ahí estaba la descompensación!

Por cierto, si tenéis curiosidad por saber qué aparece en la imagen de ejemplo superior, creo que son olas (aunque no las veo, claro).

Me enteré leyendo Neatorama.

Cracked es una web satírica estadounidense que me gusta visitar a menudo. Es tan completa que tiene su propia sección de ciencia, aderezada eso si con chistes de más o menos buen gusto. Recientemente me encontré con una entrada sobre cosas normales que parecen monstruosas al microscopio, y pese a que la mayoría de las microfotografías no me llamaron demasiado la atención, algunas pocas sí lo hicieron. Ahora que llega el invierno y uno tiene menos ganas de salir a tomarse algo, he pensado en seleccionar algunas de ellas y proponeros un juego de lo más tonto. ¡A ver cuantas acertáis! No hagáis trampas y apuntad vuestras respuestas en un papel, encontraréis las soluciones al final.

ventosas-de-calamar

1) Comencemos con la imagen que abre este post, voy a daros tres posibles respuestas, echad a volar la imaginación.

a – Células cancerosas agresivas

b – Semillas de atrapamoscas

c – Ventosas de calamar

detalle-de-las-semillas-de-una-fresa

2) Vamos con la segunda imagen. ¿Qué será esto?

a – Aquenios de fresa

b – Piel de camaleón pigmeo

c – Detalle de las gónadas de una mosca

bluebottle-maggot_1689991i

3) Ahora un primer plano de pesadilla. ¿Qué es?

a – El pene de una garrapata del Tibet

b – La cabeza de una larva de mosca botella azul

c – Tardígrado desecado en estado latente

lengua-de-colibri

4) Seguimos para bingo. ¿Qué podrá ser esto?

a – Embrión de cobra real

b – Detalle de espina bífida de una musaraña

c – La lengua de un colibrí

placa-dental

5) Para la quinta imagen algo muy complicado. ¿Acertaréis?

a – Detalle de placa dental humana

b – Plaquetas recubriendo una herida

c – Micelios de hongo sobre pan viejo

amianto

6) Y para finalizar algo inerte, no todo va a ser biología. ¿Qué es?

a – Yeso en polvo

b – Fibras de amianto

c – Chatarra de aluminio triturada

¿Ya habéis elegido vuestras respuestas? Bien, pues vamos con los resultados de este concurso en el que el único premio es la honrilla, ya que es más fácil de hackear que el monedero de la abuela.

SOLUCIONES

Imagen 1 – respuesta correcta: c – Ventosas de calamar

Imagen 2 – respuesta correcta: a – Aquenios de fresa (las semillitas que recubren la piel)

Imagen 3 – respuesta correcta: b – La cabeza de una larva de mosca botella azul

Imagen 4 – respuesta correcta: c – La lengua de un colibrí

Imagen 5 – respuesta correcta: a – Detalle de placa dental humana

Imagen 6 – respuesta correcta: b – Fibras de amianto

¿Has acertado todas? Que raro… solo dos cosas pueden explicar tu éxito: o bien trabajas haciendo microfotografías o bien lees Naukas muy a menudo y simplemente eres un fenómeno.

cartel-un-monstruo-viene-a-verme Ayer me dejé caer por el cine para ver la última película del director J. A. Bayona, “Un monstruo viene a verme”. (Lo siento pero este post tendrá algún spoiler). Por resumir la trama, diré que trata de la vida de un chico británico de 12 años que se enfrenta a la enfermedad terminal de su madre. El gran protagonista “imaginario” de la película es un árbol milenario que el chaval ve desde su ventana; en concreto un majestuoso ejemplar de tejo europeo (Taxus baccata) que mágicamente puede transformarse en un gigante humanoide. Este monstruo arbóreo acude en varias ocasiones a visitar a Conor O’Malley (que así se llama el personaje pre-adolescente interpretado por un talentoso actor llamado Lewis MacDougall) para contarle historias y exigirle algo doloroso a cambio.

Lógicamente el film de Bayona tiene mucho más que ver con los sentimientos de pérdida y con el paso a la edad adulta que con la ciencia, pero en el último tercio de la película, la última esperanza para salvar a la madre parece recaer en un fármaco oncológico a base de tejo. Nada más salir del cine me propuse averiguar si Patrick Ness, autor del libro en que se basa la película y también del guion, simplemente le había echado imaginación al asunto o si en realidad había una base médica para tal giro.

Y en efecto esa base existe, pero antes veamos un poco de información sobre este árbol, al que los druidas consideraban mágico. Del tejo se sabe desde hace milenios que es una planta venenosa, de hecho comer cantidades relativamente pequeñas de sus hojas puede ser fatal para el ganado y los humanos, ya que contienen unos alcaloides llamados taxinas. En tiempos de los romanos, se creía que también su madera era mortal. Plinio el Viejo dejó escrito en su Historia Natural que: “incluso los cuencos para vino que emplean los viajeros, fabricados en la Galia con madera de tejo, pueden causar la muerte”. La literatura científica moderna sostiene en cambio que la madera de este árbol es prácticamente inocua, y apenas se han reportado unos pocos casos de irritación o dermatitis.

Vayamos ahora con la historia del antitumoral extraído del tejo. El paclitaxel (Taxol®) se separó de la corteza del árbol de tejo del Pacífico (Taxus brevifolia) ya en 1971, aunque no fue hasta la década de los 90 cuando la FDA (Administración de Drogas y Alimentos de Estados Unidos) aprobó su uso. Desde 1971, el Instituto Nacional del Cáncer de los Estados Unidos ha usado Taxol® como una droga antitumoral en los ensayos clínicos y ha sido aclamado como uno de los avances más significativos en la quimioterapia del cáncer en la historia reciente. Desde 1990, los ensayos clínicos que usan Taxol® han tenido éxito al tratar el cáncer de ovarios en etapa avanzada.

un-monstruo-viene-a-verme Por lo que puedo leer, el paclitaxel funciona reforzando la estabilidad de los microtúbulos que forman el “esqueleto” estructural de las células, evitando de este modo que se rompan y reorganizándolas para que se reproduzcan por mitosis normal, lo que inhibe la multiplicación de las células cancerígenas.

Curiosamente, el tejo del Pacífico del que se obtenía inicialmente le trajo una publicidad negativa a este fármaco, ya que hacía falta talar tres árboles adultos para obtener la dosis necesaria para tratar a un solo paciente. Para evitar las críticas de los ecologistas, las farmacéuticas buscaron formas menos agresivas de obtener este químico, lo cual consiguieron empleando las agujas del tejo europeo (Taxus baccata) mucho más común que el del Pacífico.

Resumiendo, el señor Patrick Ness se tomó la molestia de documentarse cuando escribió su novela, y ahí está la literatura científica para probarlo.

PD. Si vais a ver la película (en mi opinión muy recomendable) llevaros un paquete de Kleenex.

Fuentes consultadas: Pharmecutical-journal.com y Phys.org.