Blake Huxley Morrison En el pasado, la “caverna” conservadora se ocupaba de crear estereotipos que afectasen negativamente a todo aquello que se alejaba de sus estándares. Se dijo por ejemplo que las estrellas del rock no eran personas brillantes. Después de todo alguien que se contonea dando alaridos sobre un escenario, y que en su vida personal se abandona al alcoholismo y al consumo de las drogas, no puede de ningún modo ser culto, o inteligente.

Pero sucede que esta interpretación es en múltiples ocasiones del todo errónea. Sin ir más lejos ahí está el ejemplo de la banda de mi admirado y malogrado Jim Morrison, los míticos “The Doors”.

Morrison, uno de los músicos más famosos de la historia y en la actualidad uno de los huéspedes más visitados de Père Lachaise, era una mente inquieta, y extremadamente inteligente como demuestran sus letras. Tal es así, que incluso el nombre de la banda, algo tan aparentemente sencillo como “Los Puertas” tiene un origen literario.

Como es bien sabido, sucede que Morrison (fascinado desde joven por la literatura y la poesía) tuvo en su época hippie un acercamiento a las drogas psicodélicas, lo que le llevó a leer un ensayo de Aldous Huxley sobre la mescalina titulado “Las puertas de la percepción“.

Al comienzo de aquel trabajo, el autor de la celebérrima novela “Un mundo Feliz” (lectura obligatoria para cualquier adolescente con curiosidad) cita un verso del poeta, pintor y grabador inglés William Blake, que a su vez aprovecha para dar título a su ensayo.

La cita de William Blake, tomada por cierto de su obra de 1793 “El matrimonio de cielo e infierno”, decía:

“If the doors of perception were cleansed every thing would appear to man as it is, Infinite. For man has closed himself up, till he sees all things thro’ narrow chinks of his cavern.”

Que podríamos traducir como:

“Si las puertas de la percepción quedaran depuradas, todo se habría de mostrar al hombre tal cual es: infinito. Porque el hombre se ha encerrado hasta que ve todas las cosas a través de las estrechas grietas de su caverna”.

Curiosamente, si uno lee la traducción al castellano que circula por internet de esa obra (Ediciones elaleph.com, podéis descargarla aquí) uno descubre que el traductor se ha tomado una tremenda licencia con esa cita en concreto, que pasa a decir:

Si las ventanas de la percepción estuviesen limpias, cada cosa aparecería al hombre como es, infinita. (página 20).

Afortunadamente Jim Morrison leyó la obra de Blake en su idioma original, gracias a lo cual su mítica banda se llamó “The Doors” y no “Las Ventanas”. ¡Pa habernos matao!

Podéis obtener una copia en PDF del ensayo de Huxley: “Las puertas de la percepción” desde este enlace.

Me enteré leyendo Mental Floss.

PD. En la imagen que abre el post aparecen de izquierda a derecha: Blake, Huxley y Morrison.

La característica sintonía de la Unión Europea de Radiodifusión, que todos asociamos inmediatamente al Festival de Eurovisión (el preludio instrumental del “Te Deum” de Charpentier) es solo la parte sonora del “conjunto”. La otra, más visual, corresponde a un intrincado y “viejuno” logo, el de la Office de Radiodiffusion Télévision Française que aparecía en el centro de un auténtico “encaje de bolillos” cuyos nodos de unión se encastraban circularmente entre las letras de EUROVISION.

Logo RTF 1954

El logo de la RTF se construyó en 1954, mucho tiempo antes de que los ordenadores permitieran crear toda clase de imágenes dinámicas, con sensación 3D, de forma rápida y sin más límite que la imaginación. Ahora resulta difícil pensar como era la vida antes de la llegada de los ordenadores, cuando los canales de televisión contaban con verdaderos artesanos que construían físicamente todo lo que la cámara debía captar.

El magnífico ejemplo de la foto superior, nos devuelve a aquella época “antediluviana”, anterior incluso al festival, que comenzó a transmitirse en 1956 (España no debutó hasta 1961), y nos recuerda que hubo en tiempo en que los manitas lideraban los procesos creativos.

Me enteré leyendo Fastcodesign.com.

Piscina Morning Glory El icónico géiser de Yellowstone Viejo Fiel (Old Faithful) es para muchos el aforamiento hidrotermal más famoso del mundo. Visitado por una legión de turistas cada año, este surtidos envía agua por los aires cada 90 minutos aproximadamente, y el chorro hirviente puede alcanzar hasta 75 metros de altura. Este géiser es por tanto un espectáculo natural al que los vándalos no pueden sustraerse.

Regularmente, los guardias forestales de Yellowstone tienen que limpiar el entorno de los géiseres y piscinas hidrotermales del parque, ya que los turistas tienden a arrojar cosas a su interior. El delicado ecosistema de los afloramientos geotermales de Yellowstone, poblado por microbios extremófilos, se ve por tanto amenazado por nuestra aparente necesidad de ver que sucede cuando se arrojan cosas al interior de un geiser.

La idea no es nueva, de hecho existen relatos de los primeros exploradores blancos a la zona bastante sorprendentes. En 1877 por ejemplo, se produjo una expedición “literaria” al por aquel entonces recién declarado Parque Nacional de Yellowstone, y es que protegido por ley en 1872 (con la rúbrica del presidente Ulysses S. Grant), este tesoro natural es por tanto el parque nacional más antiguo del mundo.

Pero volvamos a aquel viaje, en el que participó el escritor Frank D. Carpenter, y que inspiró su posterior libro The wonders of geyser land. A trip to the Yellowstone National Park of Wyoming. En esa obra se puede leer su relato del peculiar uso que los expedicionarios le dieron al Viejo Fiel: el de lavadora.

Según el relato, Frank D. Carpenter y sus compañeros de viaje llegaron al emplazamiento del Viejo Fiel y decidieron experimentar con él “hirviendo” su ropa para limpiarla. El grupo metió su ropa sucia en una funda de almohada y la arrojó al cono del géiser. Cuando entró en erupción, la ropa fue enviada por los aires volando a más de treinta metros de altura. Cuando recuperaron la funda, el agua revuelta y caliente había lavado la ropa. En el libro se cuenta como, después de ese experimento, los miembros de la expedición se “divirtieron” largo rato arrojando piedras, troncos y cuantas cosas se les ocurrió al interior del géiser, y esperando a ver como este las arrojaba por los aires.

La imagen que abre este post corresponde a una piscina natural llamada “Morning Glory”, a la que según puedo leer en Smithsonian, los constantes vertidos de objetos por parte de los turistas han terminado por alterar su color.

Me enteré leyendo Atlasobscura.

Punto Nemo ¿Quién no ha deseado decirle a alguien “piérdete”? En esos momentos, uno desea que el objeto de nuestro pesar se teletransporte a Siberia, o al desierto de Atacama. Hoy sin embargo, he oído hablar de un punto más lejano, e inaccesible. De hecho, es tan inaccesible que si la Estación Espacial Internacional (EEI) pasase sobre esa ubicación, sus tripulantes serían los humanos más cercanos al lugar en cuestión.

¿Cómo se llama ese punto? Los anglosajones lo llaman el “Punto Nemo”, todo un homenaje a Julio Verne y sin duda un nombre de lo más molón (aunque en realidad hace honor a la traducción latina de “nemo” que significa nadie). En España preferimos llamarlo polo de inaccesibilidad del Pacífico.

El Punto Nemo se sitúa en pleno océano Pacífico, a unos 1600 kilómetros equidistantes de la costa de tres islas lejanas. Por el norte la más próxima es una isla llamada Ducie (una de las islas Pitcairn que curiosamente no está habitada). Hacia el noreste la masa de tierra habitada más cercana es Motu Nui (perteneciente a las Islas de Pascua).

Y si quieres desplazarte en busca de humanos hacia el sur desde este polo de inaccesibilidad, tendrás que viajar hacia la Isla Maher (próxima a la costa de la Antártida). Como una imagen vale más que mil palabras, la foto que abre este post ilustra a las mil maravillas lo distante y desoladamente aislado de la civilización que queda este punto oceánico.

Oficialmente, el Punto Nemo fue descubierto por el ingeniero croata-estadounidense Hrvoje Lukatela en 1992, quien para calcular su ubicación empleó software especializado. ¡Qué tiempos aquellos en que los exploradores eran navegantes indómitos!

Como os decía, el Punto Nemo está tan alejado de cualquiera de los tres puntos habitados más cercanos, que si naufragas en ese lugar el humano más cercano que podrías tener (obviando a los marinos mercantes o deportivos) podría ser un astronauta de la EEI, que orbita la superficie terrestre a una altura de 416 kilómetros.

En la web de la carrera náutica Volvo Ocean Race recopilan una serie de curiosidades sobre este punto. Si tu archienemigo te pide unas coordenadas para irse de vacaciones puedes darle las de este remotísimo lugar: 48°52.6′ sur, 123°23.6′ oeste.

Me enteré leyendo la web de la BBC.

Tres míticos malos de cine y sus problemas epidérmicosDe no ser por mi diaria lectura de The Guardian, no me habría dado cuenta de cierto sesgo epidérmico que suele afectar a los villanos del cine. Muy habitualmente se muestra a estos personajes con problemas cutáneos, y para muestra la imagen que abre este post. Tanto la malvada bruja del oeste (“El mago de Oz”), como Darth Vader (“Star Wars”) o Reagan MacNeil (“El Exorcista”) muestran en mayor o menor grado, diversas afecciones epidérmicas: alopecia, verrugas, llagas, cicatrices, laceraciones, hiperpigmentación, etc.

Obviamente algunos dermatólogos no están contentos con esta asociación entre la “podredumbre interior de un personaje” y el aspecto de su piel. Por eso, un grupo de investigadores liderado por Amthor Croley acaba de publicar un trabajo en la revista JAMA Dermatology en el que se han tomado la molestia de comprobar si, en efecto, la industria del entretenimiento cinematográfico abusa o no de esta asociación entre ser un villano y “tener la piel hecha unos zorros”.

Dispuestos a encontrar la respuesta, han elaborado una lista con los 10 personajes más “chungos” paridos por Hollywood y su condición cutánea. ¿El resultado? Va a ser que sí, 6 de los 10 malos más malos de la historia del cine sufren problemas de piel. Como era de prever, esa proporción no se da ni por asomo cuando hablamos de los héroes de la historia del cine. Entre los 10 héroes más grandes de la historia del cine solo dos, Harrison Ford como Indiana Jhones en “En Busca del Arca Perdida” y Humphrey Bogart como Rick Blaine en “Casablanca” lucen cicatrices, y en ambos casos no venían impuestas por el papel sino que pertenecían a los actores.

los 10 malos más malos de la historia del cine¿Tienes curiosidad por saber cuales son los 10 malos malísimos del cine para Hollywood? Pues auqí van: Hannibal Lecter (“El silencio de los corderos”), Norman Bates (“Psicosis”), Darth Vader (“Star Wars”), La malvada bruja del Oeste (“El Mago de Oz”), la enfermera Ratched (“Alguien voló sobre el nudo de Cuco”), el señor Potter (“¡Qué bello es vivir!”), Alex Forrest (“Atracción fatal”), Phyllis Dietrichson (“Perdición”), Regan MacNeil (“El exorcista”) y la reina madrastra (“Blancanieves y los siete enanitos”). Como comentado, seis de ellos muestran problemas cutáneos tal y como podéis leer en la lista superior.

En vista de esta correlación, involuntaria o no, no es de extrañar que los dermatólgos aboguen por un poco más de equilibrio a la hora de hacer cine. ¿Por qué no puede desempeñar el papel de padre, profesor, o incluso presidente, alguien que tenga un problema cutáneo? En nombre de todos los que hemos tenido alguna vez espinillas, herpes, o dermatitis, mi apoyo para estos héroes del mundo real con bata blanca.

Ahí lo dejo…

ABG El ilustre físico soviético George Gamow, que por cierto acabó sus días siendo ciudadano estadounidense, era conocido (además de por su enorme intelecto) por un excelente sentido del humor.

En 1948, Gamow, y su estudiante Ralph Alpher, acababan de preparar un documento científico (hoy considerado histórico) titulado “The Origin of Chemical Elements”, que finalizó publicándose en la revista de la American Physical Society. La importancia de este trabajo sobre el origen de los elementos químicos no es baladí, de hecho describió la relativa abundancia de hidrógeno y helio en el universo después del Big Bang.

Cuando Gamow iba a enviar el paper a la revista, decidió añadir en la lista de autores al físico Hans Bethe, quien no había colaborado en absoluto en el trabajo. ¿Por qué lo hizo? Gamow no podía evitar hacer un chiste con sus tres apellidos, ya que de hecho el orden de los firmantes elegido fue: Alpher, Bethe y Gamow, una broma fonética para honrar a tres letras del alfabeto griego: alfa, beta y gamma (α β γ).

Y es que un trabajo científico realizado sobre el origen del universo era el momento perfecto para acordarse del origen del alfabeto griego y sus tres primeras letras.

En la imagen superior, de izquierda a derecha: Ralph Alpher, George Gamow, y Hans Bethe

Me enteré leyendo Diaryofnumbers.

Huevo de rana en plena división El autor del time-lapse que encontraréis bajo estas líneas es Francis Chee, un biólogo australiano que se dedica a la grabación de documentales (con gran acierto según podemos ver).

El time-lapse, que me ha parecido fascinante, muestra en solo 23 segundos la división celular de un huevo fecundado de rana común (Rana temporaria) a lo largo de 33 horas.

Para conseguir las fotos de la secuencia, Chee tuvo que diseñar y construir su propio microscopio basado en lo que él llama “diseño óptico infinito”. El diseño incluía LEDs acoplados al microscopio para iluminar la escena.

Las dificultades técnicas de hacer un time-lapse con objetivos tan pequeños no son pocas. Por lo que puedo leer Chee tuvo que situar la plataforma que incluye la cámara del microscopio en una mesa anti vibración. Además, tuvo que tener en cuenta otras variables sin las cuales no podría llevar a cabo su proyecto: temperatura ambiente, momento idóneo para la recolección del huevo, delicado manejo del mismo, tipo de agua, calidad de la cámara, etc.

El resultado es un vídeo en el que la división celular del huevo de rana (partiendo de 4 células hasta convertirse en millones) se capta con una calidad tan alta, que muchos pensarán que en realidad se trata de imágenes generadas por ordenador.

Me enteré leyendo Sploid.

Cientifico partíendose la caja ¿Tienen sentido del humor los científicos? Indudablemente sí, mi paso por Naukas Bilbao cada año así lo atestigua. De hecho creo que debería preguntar al resto de miembros de este “sarao” cuál es su chiste científico favorito. Pero mientras masco los detalles de este plan, os dejo con tres ejemplos a cargo de científicos británicos, a los que les pidieron exactamente eso, qué contaran su chiste científico favorito.

Dos físicos teóricos se pierden en lo alto de una montaña. El físico teórico nº1 saca un mapa y lo observa detenidamente durante un rato. Entonces se vuelve hacia el físico teórico nº2 y le dice: – “¡Hey! Ya lo tengo. Sé donde estamos”. – “¿Dónde pues?” Le contesta su colega. – “¿Ves aquella montaña que hay allí a lo lejos?” – “Si”. – “Bien, ahí es donde estamos”.

Este lo contó Jeff Forshaw, profesor de física y astronomía de la Universidad de Manchester.

Un psicoanalista le enseña a un paciente una mancha de tinta y le pregunta qué ve en ella. El paciente dice: “un hombre y una mujer haciendo el amor”. Tras esto el psicoanalista le enseña al paciente una segunda mancha, y el paciente dice: “Eso también es un hombre y una mujer haciendo el amor”. El psicoanalista le dice: “está usted obsesionado con el sexo” y el paciente replica: “¿Qué quiere decir con que estoy obsesionado? ¡Es usted el que me está enseñando esas fotos impúdicas!”

Este lo contó Richard Wiseman, profesor de comprensión pública de la psicología en la Universidad de Hertfordshire.

Un entrevistador se acerca a un grupo de científicos y les pregunta: “¿Es cierto que todos los números impares son primos?” El matemático rechaza la conjetura. “Uno es primo, tres es primo, cinco es primo, siete es primo, pero el nueve no lo es.” La conjetura es falsa. El físico es menos seguro. “Uno es primo, tres es primo, siete es primo, pero el nueve no lo es. Entonces nuevamente el 11 lo es, así como el 13. Hasta los límites del error de medición, la conjetura parece ser verdad”. El psicólogo dice: “Uno es primo, tres es primo, cinco es primo, siete es primo, el nueve no lo es, el once y el 13 lo son. El resultado es estadísticamente significativo”.

Este lo contó Gary Marcus, profesor de psicología en la Universidad de Nueva York.

¿Y tu, te animas a dejar un chiste científico en los comentarios? Tal vez podamos hacernos con unos cuantos y publicarlos en un nuevo post.

Por mi parte yo acabo de twittear uno que me hace especial gracia:

“Se rumorea que Heisenberg era un pésimo amante. Cuando llegaba el momento no encontraba la posición y cuando encontraba la posición ya no era el momento.”

Los tres primeros me los encontré (y fue de los pocos con los que me reí, porque la mayoría están “lost in translation”) en un viejo artículo de 2013 en The Guardian.

Mundo Escudo La semana pasada, un buen amigo me preguntó qué me parecía la nueva teoría de Abraham Loeb y Manasvi Lingam (investigadores en el Centro de Astrofísica Harvard-Smithsonian) acerca de la supuesta naturaleza tecnológica-alienígena de los FRBs. Su pregunta me dejó perplejo, porque no conocía aún el alcance de la noticia, que podéis leer en Popular Mechanics (en inglés).

Si no os apetece leerlo os lo resumo, aunque antes no estaría de más que leyeseis el post que publicó hace apenas dos meses en Naukas, el físico e investigador Benito Marcote, en el que nos hablaba acerca de estos misteriosos Estallidos Rápidos de Radio (“Fast Radio Burst” en inglés, o para abreviar FRBs).

Vamos con el resumen del trabajo de Loeb y Lingam, el cual por cierto ha sido aceptado para publicación hace apenas dos días, en la revista Astrophysical Journal Letters (aunque ya puede consultarse en arXiv). Básicamente, lo que hace este trabajo es aventurar una hipótesis (“arriesgada” cuando menos) sobre la naturaleza de estos misteriosos fenómenos, que ellos creen pueden ser el resultado de una ‘fuga’ emitida desde “transmisores del tamaño de un planeta, construidos por civilizaciones extraterrestres para acelerar sus naves interestelares”.

¿Cómo no iba mi amigo a preguntarme “ojiplático” mi opinión sobre esta hipótesis?

Descubiertos en 2007, y observados desde entonces apenas en 17 ocasiones, las FRBs duran menos de 5 milisegundos, no se repiten y solo son detectados por algunos radiotelescopios especialmente “miopes”. Bien, pues no hay problema, usemos nuestros mejores radiotelescopios para peinar el cielo y aprender sobre ellos ¿no?

No tan fácil, como bien explica Sabrina Stierwalt en su podcast “Everyday Einstein” de Scientific American, la propia naturaleza de las FRBs hace imposible detectar la fuente de la emisión. De hecho nuestros mejores instrumentos, como los radiotelescopios de largo campo que funcionan por interferometría, tipo Very Large Array, o VLA (es decir que se componen de múltiples radio antenas parabólicas independientes que trabajan conjuntamente) son incapaces de detectar FRBs.

Veamos lo que dice Stierwaltz al respecto:

Los radiotelescopios suelen tener que elegir: resolución espacial o campo de visión. En otras palabras, radiotelescopios de plato único como Parkes y Arecibo pueden examinar el cielo de manera más eficiente que las agrupaciones de platos como el VLA. Sin embargo, obtener ese gran campo de visión tiene una contrapartida: la resolución típica del VLA es 150 veces mejor que la de Arecibo y más de 600 veces la de Parkes.

Por lo tanto, normalmente los telescopios como el VLA no pueden recorrer el cielo lo suficientemente rápido como para detectar con seguridad un evento tan corto como una FRB. Para conseguirlo tendrían que tener la suerte de apuntar hacia el lugar correcto en el momento adecuado. Sin embargo, la visión borrosa que obtienen los radiotelescopios de un único plato les permiten detectar las ráfagas, si bien al precio de no ser capaces de determinar exactamente de dónde provienen. Por tanto, localizar la fuente de un FRB es especialmente desafiante ya que no se repiten, lo que hace que las observaciones de seguimiento sean inútiles.

¿Entonces qué? ¿Desechamos o aceptamos la opción tecnológica alienígena? Bien, si Loeb y Lingam quieren convencernos de que una señal única, no repetida, y extremadamente corta es real (lo cual ya de por sí suena difícil) entonces la explicación sobre su origen debe dar respuesta convincentemente al por qué no se repiten. Y qué queréis que os diga, en igualdad de condiciones y por aquello de aplicar la Navaja de Ockham, me quedo con las hipótesis más simples de otros astrónomos, que creen que estos fenómenos surgen de eventos cataclísmicos como la muerte violenta de una estrella, o la fusión de dos agujeros negros.

La guerra de los huesos
La guerra de los huesos

Durante la gran fiebre de los dinosaurios que tuvo lugar a finales del siglo XIX y principios del XX, dos hombres, que competían entre sí, usaron una serie de tácticas cada vez más sucias para superarse en la búsqueda de fósiles.

Uno de ellos era Othniel Charles Marsh, paleontólogo del Museo Peabody de la Universidad de Yale, y su contrincante era Edward Drinker Cope, que trabajaba en la Academia de Ciencias Naturales de Filadelfia, Pennsylvania (véase foto superior).

En un principio, ambos comenzaron la disputa amistosamente, pero pronto llegaron a odiarse. En un viaje de caza de fósiles, Marsh sobornó a los guardianes de una cantera en la que habían aparecido fósiles, y en la que ya trabajaba Cope, para que le avisasen de cualquier hallazgo únicamente a él.

Mientras realizaba sus propias exploraciones, Marsh envió espías para que le informasen de lo que iba descubriendo Cope en sus expediciones. Se rumoreaba que uno y otro dinamitaban los lechos de huesos de su rival para evitar sus descubrimientos. Pasaron años humillándose públicamente en artículos eruditos y acusándose mutuamente de fechorías financieras e ineptitud en los periódicos.

Sin embargo, los dos investigadores hicieron grandes contribuciones al campo de la paleontología: dinosaurios icónicos como Stegosaurus, Triceratops, Diplodocus y Apatosaurus fueron desenterrados gracias a sus esfuerzos.

¿Mereció la pena? Desde el punto de vista científicos sí, indudablemente, ya que entre ambos descubrieron miles de fósiles que ayudaron a la identificación de 136 nuevas especies de dinosaurio, algunas tan conocidas como las mencionadas en el párrafo anterior. Sin embargo, su lucha sin cuartel a la que se conoce popularmente como “la guerra de los huesos“, les llevó a ambos a la ruina, tanto financiera como profesional.

Me enteré leyendo LiveScience y History.com.