Huevo de rana en plena división El autor del time-lapse que encontraréis bajo estas líneas es Francis Chee, un biólogo australiano que se dedica a la grabación de documentales (con gran acierto según podemos ver).

El time-lapse, que me ha parecido fascinante, muestra en solo 23 segundos la división celular de un huevo fecundado de rana común (Rana temporaria) a lo largo de 33 horas.

Para conseguir las fotos de la secuencia, Chee tuvo que diseñar y construir su propio microscopio basado en lo que él llama “diseño óptico infinito”. El diseño incluía LEDs acoplados al microscopio para iluminar la escena.

Las dificultades técnicas de hacer un time-lapse con objetivos tan pequeños no son pocas. Por lo que puedo leer Chee tuvo que situar la plataforma que incluye la cámara del microscopio en una mesa anti vibración. Además, tuvo que tener en cuenta otras variables sin las cuales no podría llevar a cabo su proyecto: temperatura ambiente, momento idóneo para la recolección del huevo, delicado manejo del mismo, tipo de agua, calidad de la cámara, etc.

El resultado es un vídeo en el que la división celular del huevo de rana (partiendo de 4 células hasta convertirse en millones) se capta con una calidad tan alta, que muchos pensarán que en realidad se trata de imágenes generadas por ordenador.

Me enteré leyendo Sploid.

Cientifico partíendose la caja ¿Tienen sentido del humor los científicos? Indudablemente sí, mi paso por Naukas Bilbao cada año así lo atestigua. De hecho creo que debería preguntar al resto de miembros de este “sarao” cuál es su chiste científico favorito. Pero mientras masco los detalles de este plan, os dejo con tres ejemplos a cargo de científicos británicos, a los que les pidieron exactamente eso, qué contaran su chiste científico favorito.

Dos físicos teóricos se pierden en lo alto de una montaña. El físico teórico nº1 saca un mapa y lo observa detenidamente durante un rato. Entonces se vuelve hacia el físico teórico nº2 y le dice: – “¡Hey! Ya lo tengo. Sé donde estamos”. – “¿Dónde pues?” Le contesta su colega. – “¿Ves aquella montaña que hay allí a lo lejos?” – “Si”. – “Bien, ahí es donde estamos”.

Este lo contó Jeff Forshaw, profesor de física y astronomía de la Universidad de Manchester.

Un psicoanalista le enseña a un paciente una mancha de tinta y le pregunta qué ve en ella. El paciente dice: “un hombre y una mujer haciendo el amor”. Tras esto el psicoanalista le enseña al paciente una segunda mancha, y el paciente dice: “Eso también es un hombre y una mujer haciendo el amor”. El psicoanalista le dice: “está usted obsesionado con el sexo” y el paciente replica: “¿Qué quiere decir con que estoy obsesionado? ¡Es usted el que me está enseñando esas fotos impúdicas!”

Este lo contó Richard Wiseman, profesor de comprensión pública de la psicología en la Universidad de Hertfordshire.

Un entrevistador se acerca a un grupo de científicos y les pregunta: “¿Es cierto que todos los números impares son primos?” El matemático rechaza la conjetura. “Uno es primo, tres es primo, cinco es primo, siete es primo, pero el nueve no lo es.” La conjetura es falsa. El físico es menos seguro. “Uno es primo, tres es primo, siete es primo, pero el nueve no lo es. Entonces nuevamente el 11 lo es, así como el 13. Hasta los límites del error de medición, la conjetura parece ser verdad”. El psicólogo dice: “Uno es primo, tres es primo, cinco es primo, siete es primo, el nueve no lo es, el once y el 13 lo son. El resultado es estadísticamente significativo”.

Este lo contó Gary Marcus, profesor de psicología en la Universidad de Nueva York.

¿Y tu, te animas a dejar un chiste científico en los comentarios? Tal vez podamos hacernos con unos cuantos y publicarlos en un nuevo post.

Por mi parte yo acabo de twittear uno que me hace especial gracia:

“Se rumorea que Heisenberg era un pésimo amante. Cuando llegaba el momento no encontraba la posición y cuando encontraba la posición ya no era el momento.”

Los tres primeros me los encontré (y fue de los pocos con los que me reí, porque la mayoría están “lost in translation”) en un viejo artículo de 2013 en The Guardian.

Mundo Escudo La semana pasada, un buen amigo me preguntó qué me parecía la nueva teoría de Abraham Loeb y Manasvi Lingam (investigadores en el Centro de Astrofísica Harvard-Smithsonian) acerca de la supuesta naturaleza tecnológica-alienígena de los FRBs. Su pregunta me dejó perplejo, porque no conocía aún el alcance de la noticia, que podéis leer en Popular Mechanics (en inglés).

Si no os apetece leerlo os lo resumo, aunque antes no estaría de más que leyeseis el post que publicó hace apenas dos meses en Naukas, el físico e investigador Benito Marcote, en el que nos hablaba acerca de estos misteriosos Estallidos Rápidos de Radio (“Fast Radio Burst” en inglés, o para abreviar FRBs).

Vamos con el resumen del trabajo de Loeb y Lingam, el cual por cierto ha sido aceptado para publicación hace apenas dos días, en la revista Astrophysical Journal Letters (aunque ya puede consultarse en arXiv). Básicamente, lo que hace este trabajo es aventurar una hipótesis (“arriesgada” cuando menos) sobre la naturaleza de estos misteriosos fenómenos, que ellos creen pueden ser el resultado de una ‘fuga’ emitida desde “transmisores del tamaño de un planeta, construidos por civilizaciones extraterrestres para acelerar sus naves interestelares”.

¿Cómo no iba mi amigo a preguntarme “ojiplático” mi opinión sobre esta hipótesis?

Descubiertos en 2007, y observados desde entonces apenas en 17 ocasiones, las FRBs duran menos de 5 milisegundos, no se repiten y solo son detectados por algunos radiotelescopios especialmente “miopes”. Bien, pues no hay problema, usemos nuestros mejores radiotelescopios para peinar el cielo y aprender sobre ellos ¿no?

No tan fácil, como bien explica Sabrina Stierwalt en su podcast “Everyday Einstein” de Scientific American, la propia naturaleza de las FRBs hace imposible detectar la fuente de la emisión. De hecho nuestros mejores instrumentos, como los radiotelescopios de largo campo que funcionan por interferometría, tipo Very Large Array, o VLA (es decir que se componen de múltiples radio antenas parabólicas independientes que trabajan conjuntamente) son incapaces de detectar FRBs.

Veamos lo que dice Stierwaltz al respecto:

Los radiotelescopios suelen tener que elegir: resolución espacial o campo de visión. En otras palabras, radiotelescopios de plato único como Parkes y Arecibo pueden examinar el cielo de manera más eficiente que las agrupaciones de platos como el VLA. Sin embargo, obtener ese gran campo de visión tiene una contrapartida: la resolución típica del VLA es 150 veces mejor que la de Arecibo y más de 600 veces la de Parkes.

Por lo tanto, normalmente los telescopios como el VLA no pueden recorrer el cielo lo suficientemente rápido como para detectar con seguridad un evento tan corto como una FRB. Para conseguirlo tendrían que tener la suerte de apuntar hacia el lugar correcto en el momento adecuado. Sin embargo, la visión borrosa que obtienen los radiotelescopios de un único plato les permiten detectar las ráfagas, si bien al precio de no ser capaces de determinar exactamente de dónde provienen. Por tanto, localizar la fuente de un FRB es especialmente desafiante ya que no se repiten, lo que hace que las observaciones de seguimiento sean inútiles.

¿Entonces qué? ¿Desechamos o aceptamos la opción tecnológica alienígena? Bien, si Loeb y Lingam quieren convencernos de que una señal única, no repetida, y extremadamente corta es real (lo cual ya de por sí suena difícil) entonces la explicación sobre su origen debe dar respuesta convincentemente al por qué no se repiten. Y qué queréis que os diga, en igualdad de condiciones y por aquello de aplicar la Navaja de Ockham, me quedo con las hipótesis más simples de otros astrónomos, que creen que estos fenómenos surgen de eventos cataclísmicos como la muerte violenta de una estrella, o la fusión de dos agujeros negros.

La guerra de los huesos
La guerra de los huesos

Durante la gran fiebre de los dinosaurios que tuvo lugar a finales del siglo XIX y principios del XX, dos hombres, que competían entre sí, usaron una serie de tácticas cada vez más sucias para superarse en la búsqueda de fósiles.

Uno de ellos era Othniel Charles Marsh, paleontólogo del Museo Peabody de la Universidad de Yale, y su contrincante era Edward Drinker Cope, que trabajaba en la Academia de Ciencias Naturales de Filadelfia, Pennsylvania (véase foto superior).

En un principio, ambos comenzaron la disputa amistosamente, pero pronto llegaron a odiarse. En un viaje de caza de fósiles, Marsh sobornó a los guardianes de una cantera en la que habían aparecido fósiles, y en la que ya trabajaba Cope, para que le avisasen de cualquier hallazgo únicamente a él.

Mientras realizaba sus propias exploraciones, Marsh envió espías para que le informasen de lo que iba descubriendo Cope en sus expediciones. Se rumoreaba que uno y otro dinamitaban los lechos de huesos de su rival para evitar sus descubrimientos. Pasaron años humillándose públicamente en artículos eruditos y acusándose mutuamente de fechorías financieras e ineptitud en los periódicos.

Sin embargo, los dos investigadores hicieron grandes contribuciones al campo de la paleontología: dinosaurios icónicos como Stegosaurus, Triceratops, Diplodocus y Apatosaurus fueron desenterrados gracias a sus esfuerzos.

¿Mereció la pena? Desde el punto de vista científicos sí, indudablemente, ya que entre ambos descubrieron miles de fósiles que ayudaron a la identificación de 136 nuevas especies de dinosaurio, algunas tan conocidas como las mencionadas en el párrafo anterior. Sin embargo, su lucha sin cuartel a la que se conoce popularmente como “la guerra de los huesos“, les llevó a ambos a la ruina, tanto financiera como profesional.

Me enteré leyendo LiveScience y History.com.

longyangxia_oli_2017005 Hace unas semanas os hablaba del futuro dorado que le espera a la generación energética fotovoltaica gracias al nuevo impulso que China le está dando. Si pensabais que el gigante asiático se limitaría a exportar su producción de paneles estáis equivocados, y como muestra un botón que la NASA nos hace llegar desde el espacio (véase imagen superior).

Sobre la meseta tibetana, en el este de China, hay desplegados al sol 4 millones de paneles solares que forman parte del Parque Solar de la Presa de Longyangxia. Se trata de la granja solar más grande del mundo y su extensión supera los 25 kilómetros cuadrados en el paisaje desértico de la alta meseta.

La construcción del complejo se inició en 2013 y se ha venido expandiendo rápidamente desde entonces. La imagen que veis al inicio del post es de enero de 2017. Con esa extensión, se cree que la instalación podría generar unos 850 megavatios de electricidad, lo cual serviría para cubrir la demanda energética de 140.000 hogares estadounidenses.

Y el Parque Solar de la Presa de Longyangxia es solo una pieza más de la enorme revolución en energías renovables que está ocurriendo en China. El gigante asiático invirtió casi 100.000 millones de euros en renovables en el año 2015 (aún no hay datos de 2016) lo cual ayudó a elevar la cifra de negocio mundial de este sector hasta los 270.000 millones de euros, todo un récord hasta la fecha.

Según los datos preliminares sobre 2016 que realiza el panel de energía de Green Peace, el año pasado China instaló el equivalente a un campo y medio de futbol de paneles solares cada hora. Eso acerca mucho a China a alcanzar los objetivos sobre energías renovables, que se habían previsto para 2020, antes de lo previsto (en algún momento de 2018).

Estos objetivos en energías renovables de China se alinean con los compromisos climáticos internacionales del país. El gobierno anunció anteriormente que reduciría la intensidad del uso de carbono de su economía en un 40% o 45% por debajo de los niveles de 2005. En virtud del Acuerdo de París, China se ha comprometido a alcanzar su nivel máximo de emisiones de dióxido de carbono en 2030.

Me enteré leyendo LiveScience

Monte Fuji La guerra psicológica puede en ocasiones alcanzar “tintes” de lo más curioso, y si no que se lo pregunten a los estadounidenses. Según puedo leer, en plena Segunda Guerra Mundial, los cerebros encargados de la propaganda norteamericana, trazaron un plan para minar la confianza de su enemigo en el pacífico, los japoneses. ¿Qué hacer para desmoralizar a las tropas? Pues atacar a los símbolos del país. Imitando a Gila, que enviaba a tartamudos sobre seiscientos descapotables a disparar ametralladoras sin balas … algo que “no mataba pero desmoralizaba”, los estadounidenses estudiaron un plan de lo más “pintoresco” con el Monte Fuji, el icónico volcán extinto y permanentemente nevado que en días despejados puede contemplarse desde Tokyo.

Y es que en pleno conflicto, a la unidad de operaciones psicológicas del Centro de Inteligencia de la Junta para las Areas del Pacífico (JICPOA), se les ocurrió que podría ser una buena idea centrarse en el pico más alto del archipiélago nipón, como forma de atacar al orgullo de los súbditos del emperador Hirohito.

Como explican en Atlas obscura, cuando se desclasificaron documentos de 1945 firmados por el Coronel Johnston, se descubrió que había estudiado la propuesta del General Joseph Twitty (oficial en jefe del JICPOA por aquellos años), al respecto de una operación que pretendía “dar otro color al Fujiyama que alterase el aspecto que la naturaleza de daba en cada estación”.

En otras palabras, el plan solicitaba que se les destinase las tropas y equipamiento necesario para teñir el Monte Fuji de algún color “cantoso” (¿rosa palo, azul celeste?). Afortunadamente, alguien con cerebro ejerció de abogado del diablo haciéndoles ver lo absurdo del plan a aquellos “pintamonas”. Las acciones que el ejército estadounidense realizó posteriormente para no tener que invadir Japón son sobradamente conocidas y forman parte de la historia. De hecho, Einstein y esta carta parecen haber tenido alguna culpa de lo que sucedió en Nagasaki e Hiroshima.

La guerra fría no impidió que el ejército estadounidense siguiese planteando operaciones que parecían diseñadas por un “bombero jubilado”, como aquel plan para lanzar bombas nucleares sobre la luna que prepararon en la década de los 50. Menos mal que ahora en Estados Unidos ha terminado por imponerse la cordura. Oh wait!

Robert Oppenheimer

El físico Robert Oppenheimer era un erudito multidisciplinar. Hablaba con fluidez ocho idiomas y, al margen de su actividad científica, estaba interesado en campos tan diversos como la poesía, la lingüística y la filosofía. Como resultado, Oppenheimer a veces tenía dificultades al tratar de comprender las limitaciones del resto de los humanos.

Se cuenta que en 1931, cuando la prestigiosa Universidad de California en Berkeley le invitó a dar una conferencia, Oppenheimer le pidió a su colega Leo Nedelsky (ruso de nacimiento y llegado a Estados Unidos en 1923), que le preparase el texto. Para tranquilizar a su colega, Oppenheimer le dijo que sería muy fácil porque todo lo que quería decir estaba recogido en el libro que le entregaba.

Segundos más tarde, Leo Nedelsky volvió sobre sus pasos muy confuso para pedirle explicaciones a su colega, ya que el libro estaba escrito en holandés.

¿La respuesta de Oppenheimer? – “¡Pero el holandés es tan fácil!”

Me enteré leyendo un entretenido artículo de 2013 publicado en LiveScience.

nitroglicerina y alfred nobel Uno de mis post más visitados tiene que ver con la serendipia, o lo que es lo mismo, con el acto de descubrir cosas por casualidad que no se estaban buscando. Y bueno, navegando por la red he llegado también casualmente a un interesante artículo sobre un medicamento “explosivo”, la nitroglicerina.

Más allá del líquido explosivo e inestable al que es mejor no agitar, descubierto en 1846 por el químico italiano Ascanio Sobrero (quien por cierto tenía la cara cubierta por cicatrices debido a una explosión sucedida en su laboratorio), la nitroglicerina en píldoras, espray o en parches, lleva más de un siglo siendo usada como un fármaco efectivo contra la angina de pecho. Obviamente, las dosis que se suministran son diminutas, y además van diluidas en material inerte por lo que no son explosivas en absoluto. Atrévete a agitar una cajita si te la dejan en la farmacia, no hay problema.

¿Pero quién fue el primer valiente que se atrevió a darle un uso médico? Bien, como podéis adivinar por lo mencionado en el primer párrafo, el descubrimiento de las propiedades beneficiosas de este explosivo fue totalmente casual, y se lo debemos a los trabajadores de las fábricas de Alfred Nobel, quien había mejorado la fórmula del explosivo líquido para hacerlo más estable y manejable.

Efectivamente, la dinamita se le ocurrió en 1860 al padre de la fundación que otorga los prestigiosos galardones Nobel, al fabricar una pasta mezcla de nitrógeno y de tierra de diatomeas, con la que mejorar el invento de Ascanio Sobrero. Y sucedió que los trabajadores que fabricaban la dinamita fueron los primeros beneficiados por los efectos terapéuticos de la nitroglicerina. Cada mañana, cuando llegaban al trabajo, aquellos que padecían problemas cardíacos descubrían que sus dolores de pecho se atenuaban, la mala noticia venía en cambio para casi todos los demás trabajadores, que se quejaban de enormes dolores de cabeza.

Y es que resulta que el vapor de la nitroglicerina en la fábrica, incrementaba el flujo de sangre, lo que provocaba que aquellos que necesitaban más sangre en el corazón porque padecían de angina, se viesen beneficiados, y hacía que el resto (que recibían el exceso de flujo sanguíneo en la cabeza) las pasasen canutas. ¿Por qué sucedía? Los médicos no lograban explicarlo, pero igualmente aprovecharon el descubrimiento para prescribir tratamientos con nitroglicerina ya en 1879.

Curiosamente, los doctores del propio Alfred Nobel le recomendaron su uso poco tiempo antes de su muerte, en 1896. Sin embargo el magnate sueco se negó a tomarla porque no soportaba los dolores de cabeza que recordaba de sus visitas a la fábrica.

Tuvo que pasar casi un siglo hasta que en 1970 los investigadores descubrieran por qué funcionaba la nitroglicerina como fármaco, y es que al parecer, el cuerpo la convierte en óxido nítrico. En la década de los 80, descubrirían además que las moléculas de ese compuesto actúan como mensajeras indicando a los músculos lisos que rodean los vasos sanguíneos que se relajen. Para cerrar el círculo, los tres investigadores que estuvieron detrás de estos hallazgos recibieron de forma colectiva el Premio Nobel de medicina en 1998.

¿Curioso verdad? Pues eso no es todo, los investigadores siguen encontrando nuevos usos y nuevas formas para la nitroglicerina aún hoy en día. Por ejemplo, recientemente se ha descubierto que logra reducir la resorción ósea y mejorar la formación de hueso, e incluso se está estudiado su posible uso en la curación de las úlceras en los pies inducidas por la diabetes.

Me enteré leyendo una de mis webs favoritas, de la que os he hablado aquí en numerosas ocasions: Straighdope.

besar una rana ¿Quién no ha escuchado historias de perros u otros animales que han muerto tras comerse a un sapo? Incluso es posible que hayais oído relatos de animales que han aprendido a lamer sapos para disfrutar de los efectos alucinógenos. Es más que probable que el trasfondo de realidad que hay detrás de todo cuento, explique por qué las princesas que se atrevieron a besar a un sapo terminaron por “ver” príncipes en lugar de batracios. ¿La razón? La piel de las ranas y sapos que pertenecen a la familia bufonidae, contiene unas extrañas toxinas.

Estos compuestos químicos, llamados bufotoxinas, han evolucionado probablemente para disuadir a los depredadores, pero también podrían tener otras utilidades, incluso en medicina. El Bufo gargarizans, un especie asiatica de sapo, produce una sustancia que podría incluso ser útil en el tratamiento de ciertos cánceres. Según un estudio de 2011, este sapo produce una sustancia entre cuyos efectos se incluyen: “actividad antitumoral significativa incluyendo la inhibición de la proliferación celular, inducción de la diferenciación celular y la apoptosis, interrupción del ciclo celular, inhibición de la angiogénesis del cáncer, revocación de la resistencia a múltiples fármacos, y regulación de la respuesta inmunológica”.

Se han empleado otras bufotoxinas para tratar enfermedades que afectan a los caballos y al ganado bovino. En el pasado, se estudiaron las bufotoxinas de forma individual, pero no había un compendio único de investigación sobre todas ellas. Roberto Ibáñez, un científico que trabaja para el Instituto de Investigación Tropical Smithsonian en Ancón, Panamá, es coautor de un trabajo publicado en la revista Journal of Ethnopharmacology, que ha unido todos los trabajos actuales realizados sobre bufotoxinas. Ibañez ha ayudado a identificar 47 especies de ranas y sapos empleados en medicina tradicional, centrándose especialmente en 15 especies pertenecientes a la familia bufonidae.

Pero uno nunca sabe si su trabajo llegará a perderse algún dato vital, puesto que mientras que investiga las poblaciones de muchas de esas ranas y sapos están reduciéndose notablemente.

Podéis leer más sobre el trabajo de Roberto Ibáñez en la web Smithsonian.com.

Foto final1 A veces la cultura, la historia y las artes confluyen, enlazándose, haciendo aparecer vínculos que uno no ve. Comencemos hablando de un joven austriaco, niño prodigio, llamado Wolfgang, músico brillante, capaz de estrenar en el palacio imperial su primera obra a la edad de 11 años. ¿Mozart? No, aunque los críticos y músicos de su tiempo, entre ellos el mismísimo Gustav Mahler, lo saludaban como el nuevo Mozart. Se trataba de Erich Wolfgang Korngold, a quien observáis en la imagen superior junto a su inseparable piano, flanqueado en lo alto por tres personajes famosos con quienes guarda relación, según descubriréis más adelante.

Caricatura de la época mostrando a Korngold maravillando al piano a Richard Strauss, Max Reger, Eugen d'Albert, Siegfried Wagner y Arthur Kikisch Pero volvamos sobre los orígenes de Korngold, que como he dicho llamó la atención, gracias a su precoz talento, de las figuras consagradas de la música de su época. Sobre estas líneas podéis contemplar una caricatura de la primera década del sigo XX, publicada en un periódico vienés, en la que un infante Korngold al piano deja atónitos a Richard Strauss, Max Reger, Eugen d’Albert, Siegfried Wagner y Arthur Kikisch.

No era para menos, a los 11 años estrenó su primera obra en el Teatro Imperial, y a los 14 orquestó la opertura Schauspiel con tal virtuosismo, que su maestro Alexander von Zemlinsky creyó que trataba de engañarlo. Estaba claro que el joven Korngold estaba destinado a reinar en los palacios de ópera de la vieja Europa, pero la vida le depararía un destino completamente diferente.

En otoño de 1938 Erich (ya una celebridad mundial) y su familia son invitados a visitar Hollywood por los estudios Warner Bros, donde le ofrecen un encargo: componer la banda sonora de la super producción The Adventures of Robin Hood (estrenada en España como “Robin de los Bosques”), que habrían de protagonizar Errol Flynn y Olivia de Havilland. Korngold ve la película, pero declina el ofrecimiento. Sus palabras fueron: “no soy un ilustrador musical de películas de acción”. A pesar de que en la vecina Alemania, la amenazante figura de Adolf Hitler era ya una realidad desatada, Korngold y su familia deciden regresar a Viena ignorando la crisis política.

Pero para fortuna de los estudios Warner Brothers, lo que sus cheques no lograron terminaron por conseguirlo los nazis. La misma semana de marzo en que la familia Korngold regresó a su Austria natal, Hitler invadió el país. En escasos días el Tercer Reich requisó la casa de los Korngold, y su música se prohibió. ¿La razón? Seguramente lo habréis adivinado, Korngold es un apellido judío. Tras esto los acontecimientos se precipitaron. El libretista con quien componía sus óperas se suicidó saltando por la ventana, y el pediatra de sus hijos, también judío, puso fin a su vida con una sobredosis de barbitúricos. En una carta de la época, la esposa del compositor reconoce angustiada: “solíamos pensar en nosotros mismos como vieneses, Hitler nos hizo judíos”. Así, no es de extrañar que finalmente la familia Korngold decidiese huir de Austria para mudarse a California, y que el afamado compositor aceptase por fin el encargo del estudio cinematográfico.

robin hood Años más tarde, el vienés no tuvo reparo en admitir que Robin Hood le había salvado la vida. Y es que pese al rechazo inicial, la composición musical para la película es brillante, y la academia cinematográfica le premia con un Oscar. Conviene aclarar que, previamente, Korngold ya había adaptado algunos clásicos para películas estadounidenses, lo hizo con Mendelssohn para “El sueño de una noche de verano” (1935), aunque trabajaba desde Viena, desplazándose a los EE.UU. lo estrictamente necesario.

El contrato que firmó en Hollywood le permitía trabajar desahogadamente, una o dos bandas sonoras por año, muchas de las cuales se consideran obras maestras. Curiosamente, tras el final de la Segunda Guerra Mundial Korngold regresó a su hogar, donde descubrió que el romanticismo tardío de sus composiciones sinfónicas ya no estaba de moda. Pese a que dejó de componer para el cine en 1947, entre la docena larga de películas a las que dotó de banda sonora hay, como digo, algunas joyas. Aún a día de hoy, al escuchar esas composiciones uno puede retrotraerse a la edad dorada del cine de estudio en los Estados Unidos, tal es así que la industria reconoció que no es que la música de Korngold sonase a Hollywood, sino que es la propia fábrica de los sueños la que suena a Korngold .

Aparte de la citada banda sonora de “Robin de los Bosques” (que podéis escuchar sobre estas líneas interpretada por la Orquesta John Wilson) existe una composición de su época cinematográfica que a mi particularmente me encanta. Se trata de la partitura que el vienés compuso para “Abismo de Pasión” (1942) cuyo título original es “Kings Row”. Protagonizada por un joven Ronald Reagan, quien la consideró toda su vida como su trabajo más logrado en Hollywood, escuchar el aire marcial y épico de la partitura debería traeros a la mente otra banda sonora mucho más actual. La encontraréis a continuación en vídeo, escuchad y a ver qué os parece…

¿Lo habéis notado? En efecto, el oscarizado compositor estadounidense John Williams, homenajeó en 1977 a Erich Wolfgang Korngold al rescatar su influencia en la banda sonora de “La guerra de las Galaxias: una nueva esperanza”, inspirándose en la banda sonora de “Abismo de Pasión”. Y es así mis queridos lectores como una sola referencia cultural, puede tender hilos entre las figuras de Adolf Hitler, Luke Skywalker y el expresidente de los Estados Unidos, Ronald Reagan.

Korngold murió en noviembre de 1957 en la tierra que le hizo un mito mundial, Hollywood, y por fortuna recientemente su música está siendo revisada y revalidada. Tal es así que yo he llegado a conocer la historia de este compositor, aparentemente olvidado, gracias al violinista Gil Shalam, quien decidió interpretar la semana pasada en Oviedo (11 de febrero) el Concierto para violín y orquesta en re mayor, op. 35 de este compositor. La pieza, compuesta en 1947, una vez que Korngold abandonó la composición para películas y se centró en los esquemas clásicos, es de un lirismo espectacular, y si sois melómanos deberíais de darle una oportunidad.

Por si mi consejo os ha convencido, tras estas líneas os dejo una fantástica interpretación de este concierto, con una solista escocesa llamada Nicola Benedetti (hija de italiano) en estado de gracia.