De soles que se enchufan y charlas interminables de ciencia con tus hijos

Portada del libro “Papá. ¿dónde se enchufa el sol?

Ayer mi hijo se devoró en un santiamén el magnífico libro Papá, ¿dónde se enchufa el sol? de Antonio Martínez Ron y su avispada hija Laura (enormes las ilustraciones de Kim Amate). Su lectura le hizo comprender que estamos formados por polvo de estrellas, lo cual le dejó simplemente fascinado mientras se observaba a sí mismo con una renovada reverencia. (No os perdáis la reseña de Francis sobre el libro).

Es curioso pero el libro hizo que pasáramos una tarde estupenda en la que tanto él como mi hija me bombardearon a preguntas científicas. Tuvimos que buscar en el mapa el cráter Chicxulub, para que Miguel supiera donde había caído exactamente el asteroide que acabó con los dinosaurios, lo cual me llevó también a hablarles sobre la capa de iridio que sirvió como evidencia del impacto, y sobre el papel indirecto que tuvo un vecino de Salinas y sus vástagos estadounidenses (los Alvarez) en toda esta historia.

Aunque solo sea por eso, el libro ya habría merecido la pena hasta su último céntimo, pero confieso que aún sirvió para más. En un momento dado mi hijo me preguntó si el iridio era el material más valioso de la Tierra, y yo le dije que no. El material más valioso del universo – por escaso – es la antimateria. Podemos fabricarlo en cantidades ridículas (átomos de anti-hidrógeno) pero dura tan poquito antes de aniquilarse que los científicos no pueden ni estudiarla decentemente.

A eso siguió una explicación sobre lo que es la antimateria, es decir de la imagen especular de la materia “normal” o bariónica. Les expliqué que toda partícula, posee un “reverso oscuro” igual pero de carga opuesta (en el caso del electrón, por ejemplo, es el anti-electrón, también llamado positrón). Añadí, para darle un toque de misterio, que hasta la fecha nadie había conseguido explicar por qué en este universo en el que vivimos todo está compuesto de materia normal, y no por antimateria, pero les expliqué que en cierto modo habíamos tenido suerte, ya que si durante el Big Bang se hubieran producido cantidades iguales de materia y antimateria, el universo recién creado se habría aniquilado casi inmediatamente dejando como resultado una suma cero.

Supongo que a mi hijo solo le convence el vil metal, porque me estuvo dando la lata con la antimateria un buen rato por aquello de su elevadísimo precio. ¿Y por qué no pueden atrapar la antimateria? Porque los átomos de anti-hidrógeno “andan a su bola” y no hay manera de atraparlos para que se estén quietos. Los científicos emplean potentes imanes para confinarlos pero aún así terminan por toparse con materia normal y se desvanecen en décimas de segundos. Y – para su desesperación – añadí que estábamos en pañales, lo cual era una pena porque si lográsemos fabricar antimateria en grandes cantidades, podríamos crear naves espaciales movidas por motores de antimateria, como hace en la ficción la Enterprise de Star Trek. La verdad es que me puse pesimista… no esperes muchos avances en esto de atrapar antimateria.

Ahora es cuando os explico por qué el libro de Antonio y Laura sirvió para más. Tras la conversación consulté noticias recientes sobre antimateria, y descubrí que hace un año el CERN hizo un prometedor descubrimiento: al igual que sucede con los átomos normales de hidrógeno los científicos creen que también podrían congelar (con láseres) átomos de anti-hidrógeno, lo cual ralentizaría su movimiento y podría permitir atraparlos el tiempo suficiente como para estudiarlos. El trabajo salió publicado en Nature pero por alguna razón se me escapó.

En el CERN, el equipo ALPHA (siglas en inglés para “aparato físico láser de antihidrógeno”) aprovecha los antiprotones (la antipartícula del protón) producidos por el decelerador AD para unirlos con positrones generados por una fuente de sodio 22, creando así átomos de antihidrógeno que luego intentan atrapar magnéticamente. Por lo que puedo leer, empleando lásers de luz ultravioleta, se pudo excitar a los átomos de anti-hidrógeno tal y como sucede con los de hidrógeno, lo cual abre la puerta a la producción de átomos de antimateria ultrafríos, más fáciles de controlar, manipular u estudiar.

¿No es maravilloso? Mis hijos tienen “un poquito” más cerca el universo Star Trek. ¿Se aprovechará algún día para viajar al recién descubierto planeta quasi-Vulcano?

Eso será otra historia…

PD. El día acabó con una buena guinda gracias a National Geographic. Vimos juntos un episodio del nuevo Cosmos de Neil deGrasse Tyson dedicado a Newton y su amistad con Haley. ¡Simplemente hay días perfectos!

1 comentario

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Julian Porras Julian Porras

Hola, sólo quería felicitaros por el blog, llevo tiempo siguiendoos y es muy completo y variado. Enhorabuena y seguir así!!!
El libro que compartís me ha parecido muy interesante, lo compraré sin duda para leerlo y luego lo compartirlo con mis sobrinos.

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