Tardígrados y rosas de Jericó inspiran vacunas más resistentes

Cuando las cosas se ponen difíciles, los tipos duros se hacen los muertos. Este podría ser el lema de dos de las criaturas más resistentes de la naturaleza: la rosa de Jericó (o planta resurrección) y el tardígrado (u oso de agua). Juntos, sus asombrosos trucos bioquímicos pueden enseñar a los científicos cómo salvar millones de vidas en los países en vías de desarrollo.

Las rosas de Jericó hacen referencia a un grupo de musgos del desierto que se marchitan durante los períodos de sequía, por lo que parecen estar muertos durante años o incluso décadas. Pero una vez que llueve, estas plantas recuperan su exuberancia y vuelven a ser verdes de nuevo como si nada hubiera sucedido. El oso de agua maneja un truco similar para hacerse el muerto. En esencia, este animal microscópico puede “apagarse” y durante ese tiempo, soportar algunos de los entornos más brutales conocidos por el hombre. Puede sobrevivir a temperaturas cercanas al cero absoluto y por encima de 300°F, pasar una década sin agua, soportar 1.000 veces más radiación que cualquier otro animal en la Tierra, e incluso mantenerse vivo en el vacío del espacio. En circunstancias normales, un oso de agua parece un saco de dormir con patas regordetas, pero cuando se encuentra en condiciones extremas, el saco se encoge. Si las condiciones vuelven a la normalidad, este pequeño solo necesita un poco de agua para volver a ser el que era.

El secreto para la supervivencia de ambos organismos es la hibernación intensa. Básicamente se deshidratan reemplazando toda el agua de sus cuerpos con un azúcar que se endurece formando un bio-vidrio. El resultado es un estado de animación suspendida. Y aunque el proceso no funcionará para preservar a las personas (reemplazar el agua en nuestra sangre con azúcar nos mataría), sí funciona para preservar las vacunas.

La Organización Mundial de la Salud estima que cada año mueren 2 millones de niños a causa de enfermedades evitables con vacunas como la difteria, el tétanos y la tos ferina. Debido a que las vacunas contienen materiales vivos que mueren rápidamente por el calor tropical, transportarlos de manera segura hasta los necesitados puede ser una misión muy complicada. Esa es la razón por la que una empresa británica ha copiado la estrategia de los osos de agua y las rosas de Jericó. Así, han creado un azúcar conservante que endurece el material vivo del interior de las vacunas en cuentas de vidrio microscópicas, lo cual permite que las vacunas duren más de una semana en áreas con clima sofocante.

Me enteré leyendo un entretenido artículo en Neatorama sobre 10 tecnologías inspiradas por el reino animal.

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