Los cerebros viejos “saludables” también generan nuevas neuronas

Neuronas en desarrollo, con el núcleo resaltado en amarillo
Neuronas en desarrollo, con el núcleo resaltado en amarillo

Desde que tengo “querencia” por la divulgación, he escuchado que los cerebros adultos no generan nuevas neuronas. Sabía además, que la plasticidad extrema se pierde a medida que crecemos, lo cual explica que los bebés que padecen ictus puedan llevar una vida normal, mientras que los adultos que padecen un infarto cerebral se enfrentan a menudo a daños irreparables.

Está claro que el cerebro nunca deja de sorprendernos.

Hace unos pocos años (hablo de la última década) comencé a leer cosas prometedoras acerca del hipocampo, una región cerebral capaz de generar células madre durante toda la vida, lo cual me hizo albergar esperanzas de cara a futuros tratamientos “repobladores” de áreas cerebrales devastadas por enfermedades como el antes citado infarto cerebral. No obstante sé que las cosas en ciencia van despacio, así que creí que tardaría en volver a oír hablar del tema.

No ha sido así. Acabo de leer en LiveScience un artículo sobre la generación de nuevas neuronas, incluso a medida que envejecemos, basado en un trabajo publicado en la revista Cell Stem Cell el pasado 5 de abril. ¿Alguna novedad? Os preguntaréis. Pues sí, según los investigadores responsables de este estudio, los cerebros envejecidos producen tantas neuronas nuevas como los cerebros más jóvenes.

La propia autora principal del estudio, la doctora Maura Boldrini, neurobióloga de la Universidad de Columbia, manifiesta su sorpresa: “cuando fui a la escuela de medicina, solían enseñarnos que el cerebro deja de fabricar nuevas células”. No obstante, a lo largo de la última década Boldrini y otros investigadores, comenzaron a sospechar que esa suposición era incorrecta. Los estudios con ratones demostraron que incluso los ratones más viejos producían nuevas células nerviosas. Y en cuanto comenzaron los primeros estudios con humanos, los resultados obtenidos fueron similares.

El estudio del equipo de Boldrini, sin embargo, ha sido el primero en realizar un seguimiento completo de la producción de células cerebrales a lo largo de una vida humana típica.

Por lo que puedo leer, Boldrini y sus colegas estudiaron 28 cerebros que provenían de cadáveres de personas sanas, con edades comprendidas entre los 14 y los 79 años. Al contrario de lo que sucede habitualmente, donde lo normal es que los investigadores no sepan demasiado sobre los cerebros que han recibido gracias a donaciones, en este trabajo los investigadores sabían mucho sobre ellos.

Cuando decimos que estudiaron cerebros “saludables” obviamente estamos relativizando, al fin y al cabo los cerebros estaban muertos. No obstante hay que decir que no mostraron evidencia de ninguna enfermedad o trastorno importante. No provenían de personas adictas a las drogas y tampoco provenían de donantes que hubieran sido tratados con antidepresivos. Esto último es importante ya que los investigadores creen que estos fármacos pueden estimular el crecimiento celular.

Las muestras provenían de una colección de cerebros donados reunida en Columbia que se habían conservado utilizando los mismos métodos y que tenía historias médicas detalladas adjuntas a ellos. Más abajo comprenderéis por qué Boldrini tiene tanto interés en demostrar el buen estado de salud de los donantes.

Como os comentaba al principio, el estudio se centró en el hipocampo, un área del cerebro importante para el aprendizaje y la memoria. Boldrini y su equipo seccionaron el hipocampo y lo cortaron en rodajas finas para poder contar la cantidad de células recién formadas, distinguibles al microscopio porque aún no han madurado por completo (véase imagen superior).

El desafío técnico de contar neuronas en cerebros humanos es, como podéis imaginar, mucho mayor que el que se encuentran los investigadores que estudian ratones y sus pequeños cerebros. Obviamente los cerebros humanos son más grandes y complicados. Para solventar este problema Boldrini y sus colegas utilizaron un software informático especializado en contar células bajo un microscopio.

¿Qué descubrieron? Bien, lo primero fue que los cerebros más ancianos no parecían “productos acabados” (y perdonadme la expresión mercantilista). No obstante, a pesar de que contaban con tantas células nuevas como los cerebros más jóvenes, parecía hacer menos vasos sanguíneos nuevos por lo que las neuronas no formaba nuevas conexiones entre sí tan rápidamente.

Es importante tener en cuenta que la ciencia de la formación de células cerebrales durante la vejez está – irónicamente – en pañales. De hecho, el pasado 7 de marzo del presente 2018, un artículo publicado en la revista Nature puso en duda la idea de que los cerebros más viejos siguiesen fabricando nuevas células nerviosas. En estudios comparativos entre cerebros enfermos y sanos, los autores descubrieron una fuerte disminución en la producción de nuevas neuronas que comienza alrededor de la adolescencia, y que de hecho les llevó a no detectar nuevas células nerviosas en los cerebros de los adultos.

¿Cómo es posible que existan dos estudios con conclusiones tan contrarias? Boldrini cree que la diferencia entre los resultados de su equipo y los del documento publicado en Nature podría deberse tanto a los cerebros que los dos grupos estaban examinando, como a los métodos utilizados para examinarlos. Los cerebros descritos en el documento de Nature, dijo, provenían de una gama más amplia de personas que mostraban diferentes estados de salud, (algunos por ejemplo pertenecían a personas aquejadas de epilepsia). Además, los cerebros empleados por el equipo de Nature pudieron haberse conservado utilizando diferentes técnicas. En su opinión, esas técnicas de preservación podrían haber destruido la evidencia de nuevas células.

Dado que todos los cerebros “sanos” en el estudio de Columbia mostraron un nuevo crecimiento celular, Boldrini y su equipo sugirieron que la capacidad continua de producción de nuevas células en el hipocampo, podría ser una característica clave de los cerebros que logran permanecer sanos hasta la vejez.

¿Quién de los dos equipos tendrá razón? Permaneceremos atentos a nuevos trabajos que hagan desnivelar la balanza hacia alguno de los dos lados. Mientras tanto, acordaos de cuidar vuestro hipocampo (si es que eso es posible).


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