De cómo un conejo muerto podría alterar los juicios por asesinato en Estados Unidos

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Cuando la policía encuentra un cadáver, los investigadores estiman el tiempo transcurrido desde la muerte mediante la comparación con otros cuerpos, pero a veces las mejores comparaciones disponibles tienen que ver con cadáveres de animales, no de humanos.

En ocasiones, en los juicios se ha visto a entomólogos dar testimonio sobre la descomposición humana basándose en evidencias vistas en cerdos. ¿Pero de verdad que puede compararse a humanos y animales cuando la justicia entra en juego? Para averiguarlo, un equipo de investigadores monitoreó la descomposición de cinco cadáveres humanos, de cerdo, y de conejo en una zona boscosa cerca de Knoxville, Tennessee, en tres estaciones distintas: primavera, verano e invierno.

Tras grabar la rapidez a la que se descomponían diferentes partes del cuerpo de cada cadáver, sumaron los resultados creando así una medida llamada “puntuación total del cuerpo”. En primavera y verano, cuando había más insectos alrededor, los animales se descompusieron más rápido que los humanos. Pero en el invierno, los seres humanos se descomponen mucho más rápidamente que los cerdos (probablemente porque algunos carroñeros como los mapaches y los petirrojos, decidieron comenzar la cena por los seres humanos).

Los resultados, presentados el pasado mes de febrero durante la reunión de la Academia Estadounidense de Ciencias Forenses, son preliminares, y los investigadores todavía están preparando sus trabajos científicos para ser enviados a una revista revisada por pares. Sin embargo, las grandes diferencias observadas en la forma en que se descomponen los cadáveres humanos y no humanos, ponen en duda a los expertos que estiman el tiempo transcurrido desde la muerte de un ser humano a partir de cadáveres de animales. Por tanto, los resultados de este estudio podrían algún día ser empleados en los tribunales para argumentar en contra del testimonio de esos expertos.

Podéis consultar aquí una nota de prensa sobre el trabajo realizado por los investigadores forenses de la Universidad de Tennessee en Knoxville.

Me enteré leyendo ScienceShots.

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