Se supone que el siete es el número de la buena suerte, al menos eso le he oído a un montón de personas. Tal vez por eso los gatos tengan siete vidas, aunque no son los únicos. Acabo de alucinar a base de bien con la historia de Roy Sullivan (foto dcha.), un guardabosques del estado de Virginia, EE.UU., que debe de ser el récordman mundial de recepción de rayos. Siete le cayeron encima al angelito, y lo más alucinante es que sobrevivió a todos ellos. Para muchos desgraciados, basta con un único intento para emprender el viaje definitivo al más allá, rápido como un rayo.
La mala suerte de Sullivan debió ser legendaria (falleció en 1983). Se cuenta que uno de los siete rayos le alcanzó dentro del refugio de los rángers en el que se protegía de la tormenta, haciendo por cierto que se le incendiara el cabello. Desde entonces cuentan que iba con una lata de agua a todas partes, natural.
Sin embargo la más estrambótica fue la historia de su séptimo y último encuentro con un rayo. Al parecer Sullivan (al que en internet llaman humorísticamente «el hombre más atractivo del mundo«) se encontraba pescando truchas a la vera de un río cuando la madre naturaleza le envió su séptimo regalo eléctrico. Cuando despertó, descubrió que un oso estaba junto a él dando buena cuenta de una trucha enganchada a su sedal. El pobre hombre, semiaturdido, tuvo las agallas de golpear al oso con un palo y arrastrarse hasta interior de su vehículo, donde volvió a desvanecerse.
En mi opinión, a pesar de la innegable mala suerte de Sullivan, creo que en esta última historia existe un trasfondo de fortuna dentro de lo que cabe, ya que de no haber pescado una trucha, el oso podría haber decido plantearse un menú diferente: guardabosques de primer plato.
Me enteré leyendo en Neatorama una historia sobre cinco de las personas con peor suerte del mundo.


Y después de haber sobrevivido a los siete rayos, se acabó suicidando porque su mujer lo había abandonado