Decir a estas alturas que Abraham Lincoln es uno de los personajes históricos favoritos de los estadounidenses resulta una obviedad. Carentes de una familia real a la que idolatrar, figuras como la de «El honesto Abe» (sobrenombre con el que se le conoció al 16º presidente) o más tarde los Kenedy, suplían ese vacío. Antes de pasar a la historia como el presidente que acabó con la esclavitud tras ganar la guerra civil y morir asesinado como recompensa, Lincoln se labró una gran reputación como abogado.
Curiosamente, por lo que acabo de descubrir, existían no obstante dudas sobre la honestidad de la estrategia elaborada por el famoso letrado en un pleito, conocido como el juicio del calendario, que ganó merced a sus conocimientos astronómicos. La cosa más o menos fue así:
En 1818, Lincoln defendió a un tal William «Duff» Armstrong, que había sido acusado de matar a James Preston Metzler por las heridas sufridas durante una pelea. El testigo clave del caso afirmaba haber visto la pelea perfectamente gracias a la abundante luz lunar, pero Lincoln fabricó un calendario y mostró que, en el momento de la pelea, la luna habría estado cerca del horizonte, casi fuera de la vista. En base a su defensa Armstrong fue absuelto, pero después del juicio mucha gente comenzó a preguntarse si el calendario había sido trampeado. Después de todo, varias personas recordaban haber visto una luna brillante aquella noche. Entonces… ¿Tendríamos que empezar a llamar a Lincoln «El deshonesto Abe»?
Ahí entra la parte de la noticia científica. Lo bueno de los conocimientos que hemos obtenido en astronomía es que los expertos son capaces de situar la posición de cualquier astro, en cualquier momento pasado o futuro, retocediendo o avanzando según sea el caso. Eso es lo que ha hecho el astrofísico y «astrónomo forense» (desconocía la especialidad) Donald W. Olson y su equipo de la Universidad Estatal de Texas, para tratar de solucionar las dudas sobre el juicio del calendario.
¿Mintió Lincoln o no en aquella ocasión? La respuesta es «probablemente no«.
Aunque en efecto hay una razón por la que diversas personas del pueblo recordaron haber visto una luna muy brillante. Resulta que la noche de la fatídica pelea, la luna se encontraba en un punto muy especial de un ciclo de 18,6 años (véase ciclo metónico). La inclinación del eje de la Tierra y la inclinación de la órbita lunar dieron como resultado que la trayectoria que la luna siguió aquella noche al atravesar el cielo fuese muy inusual. Por ello, poco después del atardecer, la luna realmente cruzó el meridiano del cielo (por eso tantos recordaron haberla visto brillar), pero pocas horas después, justo en el momento de la pelea, nuestro satélite se encontraba casi fuera de vista. Por tanto, el calendario de Lincoln era correcto y los estadounidenses pueden seguir llamándole «El honesto Abe» de forma justificada.
Me enteré leyendo Io9.com, donde no solo hablan de este caso, sino que recopilan ocho misterios histróricos más que han podido resolverse gracias a la astronomía.
Por cierto, Danield W. Olson ha publicado un libro basado en sus pesquisas astronómicas, que recogen esta y otras historias similarmente resueltas.


