De como intentaron acabar con Hitler convirtiéndole en Adolfa

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La figura de Adolf Hitler, el archimalvado de la historia mundial, sigue provocando repulsa y fascinación a partes iguales 70 años después de su muerte. Estoy seguro de que si un día se inventa la máquina del tiempo, uno de los primeros viajes le corresponderá a un agente encargado de secuestrar a Adolfito cuando aún era un tierno infante. Como esa solución aún no ha llegado, nos entretenemos leyendo historias de lo que hiceron los aliados durante la II Guerra Mundial para intentar acabar con él. Sin duda una de las más imaginativas se le ocurrió a la Oficina de Servicios Estratégicos de los EE.UU., un precursor de la actual CIA. A estos preclaros espías se les ocurrió librarse de Hitler poniéndole tetas y haciendo que se le cayera su carismático bigotito, para lo cual pensaban suministrarle hormonas femeninas a través de la comida.

Para estos agentes de la OSS estadounidense, Hitler caía en un lugar intermedio en el espectro sexual, «bastante cerca del límite hombre-mujer», según escribió Stanley Lowel, director de esta agencia. De modo que si los aliados lograban acceder a su fuente de alimentos habitual y hormonarlos con estrógenos, esto tal vez le haría cruzar la línea que separaba a Adolfo de Adolfa. El plan suena absolutamente inverosimil en este momento, pero la OSS creía que si prosperaba Hitler podría aflojar su férreo control sobre Alemania, lo cual podría acortar la guerra.

¿De verdad un Hitler con tetas y sin bigote habría dado menos miedo? Yo tengo mis dudas, de hecho a mi pocos políticos me han asustado más en vida que la enérgica Margaret Thatcher. Pero ¿Quién sabe? Si el plan hubiese triunfado, tal vez habría brotado en el negro interior del genocida un instinto maternal que le habría llevado a detener las barbaries que cometía su régimen en los campos de exterminio. Y si eso no funcionaba, tal vez hubieran sido sus propios seguidores, horrorizados, los que le habrían quitado del medio, al encontrárselo probándose pizpireto algún lindo vestido de cervecera tirolesa (igual a los que se ven hoy en día en la Okotberfest). ¡Nunca lo sabremos!

Ya se lo que os estais preguntando. Si los aliados tenían acceso a la comida del Führer… ¿Por qué no envenenarlo directamente? La respuesta es sencilla, Hitler tenía probadores de alimentos a su servicio. Todo lo que iba a llegar a su boca pasaba antes por las de ellos, y al más mínimo retortijón del probador, la comida era rechazada. En cambio con los estrógenos, su feminización (y de paso la de todos sus probadores de comida) sería gradual y el filtro se superaría.

Acabar con Hitler. Por imaginación no quedó, no…

En su día, cuando salió publicado todo este asunto en The Telegraph, estuve a punto de escribir una entrada en mi blog. Hoy que he vuelto a recordar la historia al leerla en Mental_floss me he sacado la espinita.



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Por maikelnai
Publicado el ⌚ 6 mayo, 2015
Categoría(s): ✓ Curiosidades