¿Qué pasa si tiras a un pavo doméstico vivo desde una avioneta?

Pavo descendiendo como puede En España conocemos bien lo que es hacer “volar” a un animal que no vuela en aras de la tradición. Hasta hace 15 años, en el zamorano municipio de Manganeses de la Polvorosa los quintos del lugar arrojaban a una cabra viva desde un campanario. Abajo, tensando una lona, los muchachos del pueblo trataban de hacer que el rumiante sobreviviese a la caída, lo cual no siempre se conseguía.

¡Lo que tenemos que aprender de los americanos! Ahora que llega en día de Acción de Gracias y en cualquier medio norteamericano se habla de pavos, me he enterado que los habitantes de la pequeña población de Yelville, en el estado de Arkansas, arrojan al protagonista de esta festividad desde una avioneta que sobrevuela los sembrados que rodean el pueblo a una altura de 150 metros. Al parecer este evento de “bajos vuelos” sucede anualmente durante el festival Turkey Trot desde hace ya 50 años. La tradición por tanto parece asentada, aunque lógicamente los activistas en la defensa por los derechos de los animales de Estados Unidos no se muestran muy contentos con el festejo.

Los pavos domésticos, al contrario que sus parientes salvajes, no vuelan. Están demasiado gordos y atrofiados ya que la domesticación hizo innecesario que conservasen la habilidad de aletear brevemente por sus vidas hasta la cima de un árbol. Sus primos salvajes si son capaces de hacerlo, aunque sea la distancia mínima necesaria para ponerse a salvo del depredador de turno. ¿Entonces se matan los pavos domésticos que se liberan desde la ligera avioneta de fumigaciones en Yelville? Las estadísticas de 2016, según recoge el medio Arkansas Online, indican que de doce pavos arrojados ese año desde el avión diez sobrevivieron al impacto.

¿Cómo es posible? En LiveScience explican el “milagro”. A pesar de que los pavos domésticos no pueden elevarse cuando aletean, tal y como hacen las aves voladoras, ese mínimo aleteo reminiscente les sirve en cambio para frenar la caída. El problema con estas aves de corral es que no pueden ralentizar el descenso eternamente, y sobrevivir o no depende del tiempo que sean capaces de aguantar moviendo las alas freneticamente mientras caen al suelo.

Al parecer los pavos tienen bastante potencia durante períodos cortos de tiempo. Podríamos decir que tienen una musculatura explosiva al estilo de los sprinters. Y al igual que estos, su actividad no puede prolongarse durante demasiado tiempo. Por tanto, al comienzo del descenso los pavos aletean de forma salvaje y son capaces de “volar” como sus parientes salvajes. Por desgracia, los pavos domésticos son tan pesados en comparación con el área de sus alas, que ni pueden desarrollar el empuje propio de las aves voladoras (no están en la “forma física” idónea) ni pueden descender planeando al estilo de los buitres.

Que los pavos son aves adaptadas para la vida en tierra es algo que cualquier cocinero puede apreciar. Al preparar uno de estos manjares es sencillo apreciar el color rojizo que toman sus zancas, en comparación al color blanquecino de las pechugas, que recordemos son los grandes músculos encargados de dar potencia a las alas. Esta diferencia se debe a que las patas poseen músculos que contienen mioglobina, una molécula transportadora de oxígeno que permite que las patas del ave trabajen de forma eficiente durante períodos prolongados de tiempo. Los músculos de la pechuga en cambio están formados por fibras de contracción rápida, las cuales no requieren tanto oxígeno ya que están diseñadas para trabajar de forma explosiva durante períodos breves de tiempo.

Así pues si estás de fiesta por Yelville y te da por apostar en las porras locales por la superviviencia (o no) de uno de los pavos que se arrojarán desde la avioneta, antes mira el tamaño de sus pechugas. De las fibras que la componen dependerá que el pavo aguante aleteando el tiempo suficiente como para frenar su caída y sobrevivir.

Al menos los pavos tienen una oportunidad. ¡Qué civilizados los estadounidenses incluso en sus tradiciones brutales! [/mode irónico off] Ya quisieran las cabras de Manganeses tener alas, aunque fuesen atrofiadas.


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JavierJavier

En el libro “Un puente lejano”, Cornelius Ryan narra que un soldado británico de la 1ª División Paracaidista tenía por mascota a “Myrtle, la gallina paracaidista”. El hombre la soltaba a varias decenas de metros del suelo, a donde la pobre Myrtle llegaba por sus propios medios. En Arnhem, el soldado no la lanzó, sino que bajó con ella de equipaje. Por desgracia, según Ryan, la gallina resultó muerta, probablemente por fuego de artillería, en algún momento de la batalla.

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