¿Habrá cuervos recolectores de colillas en nuestras ciudades?

CUERVO fumador Los cuervos son unas criaturas muy inteligentes, pero los humanos supuestamente lo somos más. De ahí que hace ya casi una década a alguien (concretamente al hacker Joshua Klein) se le ocurriese proponer que se aprovechase la habilidad de estas aves para encontrar cosas brillantes para hacerlas trabajar como recaudadoras de monedas perdidas. ¿El premio? Un cacahuete por cada moneda.

Nadie pareció seguir la sugerencia de Klein en todos estos años, de modo que yo no había vuelto a oír hablar de esta idea o de alguna similar. Sin embargo esta mañana he leído en Slate.com la idea de una empresa holandesa que pretende emplear a córvidos como personal de limpieza en las calles. El nombre de esta compañía me ha hecho sonreír, se hacen llamar Crowded Cities, un bonito juego de palabras entre crow (cuervo) y crowd (montón de gente), y al parecer pretenden adiestrar a estas aves astutas para que recojan colillas de tabaco en las aceras y las dejen caer en una máquina expendedora de comida de la que obtendrían un premio.

¿Veremos un ejército de cuervos al estilo Hitchcock sobrevolando nuestras ciudades en busca de colillas? Bueno, por lo que puedo leer algunos ornitólogos se muestran escépticos con la viabilidad del plan ya que creen que las aves son tan inteligentes y están tan adaptadas que la idea probablemente no funcionará.

John Marzluff, profesor de ciencias de la fauna salvaje en la Universidad de Washington, ha realizado múltiples investigaciones con córvidos y cree que si se desea que un cuervo trabaje para alguien, antes debes poder ofrecerle algo mejor que un cacahuete.

La razón es sencilla, si estas hábiles criaturas se han mudado a las ciudades para vivir entre nosotros es porque nuestro hábitat está lleno de cosas para comer que les encantan. Empezando por esos Cheetos, Doritos o demás aperitivos que se nos caen de la bolsa, y acabando por esos restos de hamburguesa que arrojamos a la papelera.

Marzluff lo deja claro: “el reto es asegurarse de que la máquina expendedora siempre tiene comida y que esta es de alta calidad. Los cuervos pueden encontrar montones de cosas para comer en su entorno, y cambian rutinariamente de menú”.

Cualquier sistema de entrenamiento basado en conductismo de Skinner que se realice con los cuervos debe ofrecer una recompensa mejor y de obtención más inmediata que las opciones que pueden encontrar fácilmente por sus propios medios.

Marzluff lo explica claramente: “La recompensa de un cacahuete no es demasiado alta cuando un cuervo se puede meter bajo un contenedor de basura y encontrar restos de una chuleta de cerdo con algo de carne o grasa adherida. Está claro que se quedarán con la carne y se olvidarán del cacahuete”.

Otro ornitólogo preeminente, el investigador Kevin McGowan, profesor en la Universidad de Cornell, es aún más escéptico que Marzluff. “Algo así podría funcionar únicamente con cuervos de laboratorio, a los que es posible adiestrar, pero los cuervos salvajes tienen fobia a las cosas nuevas. No les gusta relacionarse con cosas que no les resultan familiares. Por tanto no van a ponerse a buscar colillas por un simple cacahuete como recompensa”.

Veremos en que acaba todo esto. Mientras espero escucharé el “Evil Woman” de los Crow.


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