Édouard Benedictus, o de como la serendipia salvó millones de vidas

Edouard BenedictusÉdouard Bénédictus (1878 – 1930) fue un pintor, escritor, compositor y químico francés que comenzó su carrera como artista en el periodo Art Nouveau. Amigo personal de Maurice Ravel, Bénédictus destacó por sus diseños coloristas en sedas y satenes, que realizaba por encargo para empresas de gran prestigio en Francia.

Sin embargo, no pasó a la historia por sus innegables dones artísticos, sino por su curiosidad, capacidad de observación y sin duda, por saber aprovechar las oportunidades. Sucedió que en 1903 se encontró por accidente en su laboratorio de química un matraz de vidrio roto, que sin embargo aún mantenía la forma. Le preguntó a su asistente que era lo que contenía el matraz, y por él supo que contenía un celuloide líquido que se había evaporado.

Se trataba del colodión, una solución amarilla obtenida por la disolución de un producto derivado de la celulosa en un disolvente orgánico (éter o alcohol por ejemplo). El colodión, aunque es bastante tóxico, se empleaba en aquella época para sellar heridas tras la cirugía y para fabricar explosivos.

Bénédictus entendió que aquel producto se había adherido al cristal antes de evaporarse, formando un film que recubrió las paredes internas del matraz de cristal, lo cual evitó que se fragmentara a pesar del golpe que sin duda había recibido. A pesar de encontrarlo interesante, no le dio más importancia y continuó con su trabajo. Sin embargo días después leyó una historia en el periódico que relataba la muerte de una mujer a causa de la rotura de la ventana de su vehículo en un accidente de circulación. Tras la noticia, el polifacético Bénédictus se dirigió apresuradamente a su estudio y al día siguiente había inventado el primer cristal de seguridad de la historia, para lo cual unió (como en un sandwich) dos capas de vidrio separadas por una fina lámina intermedia de colodión.

Recibió la primera patente de su vidrio laminado en 1909 tras varios experimentos, y aunque por lo que puedo leer la industria automovilística no mostró demasiado interés en primera instancia a causa de su elevado coste, la idea terminó por imponerse cuando en 1919 Henry Ford comenzó a instalarlos en su cadena de producción. Hoy todos los vehículos del mundo lo emplean en sus parabrisas y ventanas. No hay forma de calcular el número de vidas que ha salvado su creación desde entonces, pero sin duda se encuentra entre los inventos accidentales más prácticos de la historia de la ciencia.

Seguramente ya os habréis dado cuenta de que me encantan las historias de serendipia. Hace poco hablé precisamente de otro caso relacionado con la nitroglicerina. Y si os quedáis con ganas de más, siempre podéis leer la historia del malva de Perkin o también esta lista de 10 grandes descubrimientos casuales.

1 Comentario

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TxemaryTxemary

Fantástica historia, la verdad es que no conocía a este hombre, parece que no pero efectivamente este invento habrá salvado centenares de miles de vidas…

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