Creo que no descubro nada nuevo si digo que los tiburones son desde siempre protagonistas de nuestras pesadillas en alta mar, en algunas playas, y también (en efecto) en aguas fluviales, donde curiosamente es posible encontrarse con dos clases de tiburón: el tiburón toro Carcharhinus leucas, que nada frecuentemente aguas arriba por los cauces fluviales, pese a que su hábitat habitual es el costero (agua salada) y los tiburones de río, Glyphis spp., cuyo hábitat es enteramente el agua dulce.

Desconocemos si este plumífero había leído a Orwell o si simplemente estaba harto de ver a sus hermanos, sacrificados por miles, como plato fuerte del menú de los estadounidenses cada día de Acción de Gracias. El caso es que navegando por la red en busca de material, llegué a una curiosa reseña sobre un pavo valiente que se hartó del abuso de los humanos y dijo “basta”. La nota en cuestión la leí en la web de un paciente (y algo flipado) muchacho llamado Igor Eximel, quien por afición, dedica su tiempo a recopilar noticias relacionadas con ataques de animales a humanos (lo contrario tristemente no es noticia).