Serpiente del faraón o por qué no es buena idea mezclar niños y tiocianato de mercurio

Serpiente del faraón Desde niño la química me resulta fascinante. Nunca me regalaron un Quimicefa, razón por la que probablemente sigo vivo a día de hoy, pero me siguen dejando con la boca abierta los resultados de algunas reacciones “de artificio”. El ejemplo perfecto fue aquel post de 2007 en que os contaba lo que sucedió cuando el ejército estadounidense arrojó 9 toneladas de sodio al agua de un lago en 1940.

Hoy he visto otro experimento cuyos resultados parecen salir de una película de Guillermo del Toro. ¿Qué pasa cuando le prendes fuego a una mezcla de tiocianato de mercurio (II) y cromato de amonio? El resultado lo podéis ver en el vídeo bajo estas líneas.

Al parecer, cuando se quema, el producto arroja humos y cenizas que son expelidas de tal forma que se asemeja al crecimiento de una serpiente. Por ello, a comienzos del siglo XX estos componentes se vendían en occidente como juguete para niños con el bonito nombre de “serpiente del faraón”.

La realidad es que el experimento es sumamente tóxico, por lo que nadie debería intentar hacerlo fuera de un laboratorio ya que los vapores que se desprenden son muy peligrosos. Afortunadamente en la década de 1940 (vease esta nota del MIT) ya se conocían las fatales consecuencias de mezclar “niños” con tiocinato de mercurio, así que se retiró de las jugueterías.

No obstante el resultado es casi “alienígena”. ¿Verdad?

Me enteré leyendo Cracked.

5 comentarios

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Javier Javier

Yo hacia este experimento de pequeño, usando un libro que perteneció a mi padre. El libro era de los años 30, muy chulo. En él estaba el experimento de la serpiente del faraón, y desde luego no se usaba tiocianato de mercurio. Aún tengo el libro por casa. Buscaré los compuestos que se usaban y lo pondré aquí.

Javier Javier

Olvidé poner el nombre del libro. Las Ciencias Físico naturales en la escuela, de Joaquín Pla Cargol.

Cristiam Julián Ayala Peña Cristiam Julián Ayala Peña

Todo lo que sé de química está resumido en ésta frase: ”el bicarbonato de sodio con limón ayuda a curar la indigestión”. No es mucho pero el saberme todavía muy bien el nombre de ése abundante polvo blanco me es un alivio intelectual. En cuanto al experimento ése de la Serpiente del Faraón, debo decir que no sabía éso de que cuando el material base empieza a crecer emulando a una serpiente entonces expele humos tóxicos. Buen artículo, por cierto, ya que es breve pero ameno de leer.

Ana Ana

Uno de los comentarios de Oliver Sacks en su libro autobiográfico El tío Tungsteno, donde relata su pasión por la química en su niñez, era su facilidad para encontrar material tóxico en la Inglaterra de la segunda guerra mundial.
Una lectura muy amena ese libro.

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