De tumbas de Edimburgo y la falsa historia de Greyfriars Bobby

Posando junto a la estatua de Bobby y la tumba de James Brown Recientemente he tenido la fortuna de visitar Edimburgo (en viaje turístico) junto a mi pareja. Esta es una de las capitales europeas que más me han atraído desde siempre, así que ni el frío ni la lluvia nos echaron para atrás y disfrutamos de 3 días completos alojados en plena Old Town. Edimburgo tiene bastantes atracciones como para que cualquier aficionado a la cultura disfrute y aprenda entre pinta y pinta de cerveza.

En el cementerio Old Calton, por ejemplo, visitamos la tumba de David Hume, el famoso filósofo e historiador, mientras que en el cementerio Canongate Kirkyard hicimos lo propio con la de Adam Smith, el padre de la economía moderna. Obviamente hay que visitar el National Museum of Scotland para ver, no solo a la oveja Dolly disecada, sino también todos los galardones (Premio Nobel incluido) que obtuvo el ilustre escocés Alexander Fleming, descubridor de la penicilina. Ah, no busquéis su tumba en Edimburgo, sus restos reposan ni más ni menos que en la londinense Catedral de St. Paul.

En fin, como podéis ver hicimos algo más que pasear bajo el frio y comer Haggis (plato local que recomiendo probar en el pub No. 1 High Street), aunque habrá quien piense que visitar cementerios es algo tétrico. Los escoceses tienen una relación muy especial con sus viejas necrópolis, que permanecen abiertas las 24 horas y que los jóvenes suelen frecuentar para hacer picnics, botellones, y cualquier otra cosa que un joven haría en un parque… ¡ejem! tumba bobby greyfriars Llama la atención que la tumba más famosa en Edimburgo sea, sin embargo, la de un perro de la raza Sky Terrier que vivió en la ciudad en la segunda mitad del siglo XIX. Se le conoce como Greygriars Bobby, y como vemos al nombre del perro (Bobby) se antepone el nombre del cementerio en cuya entrada reposan sus restos (Greyfriars). Su historia, como la de tantos otros “perros de cementerio”, tiene que ver con la supuesta fidelidad que este cánido guardó a su dueño, un hombre llamado John Gray que falleció cuando Bobby tenía 2 años y en cuya lápida reposó el perrito durante otros 14.

Antes de entrar en Greyfriars verás una estatua dedicada a Bobby (véase foto superior izquierda), junto a un Pub que lleva su nombre y que está convenientemente pegado a la puerta del cementerio. Los habitantes de Edimburgo te contarán que en vida (con la inestimable ayuda de la prensa local), este perro se convirtió en toda una estrella y que acudía gente a visitarlo al cementerio desde todos los rincones del Reino Unido, bien fuera para alimentarlo o para jugar con él tirándole un palito. Así pues, no te extrañes si sobre la tumba de Bobby ves rebosar los palos. ¡Que bonita historia! ¿Verdad? En efecto, así sería de no ser porque es falsa.

Lo cierto es que el jardinero del cementerio de Greyfriars de aquella época, decidió adoptar al perro por cuestiones de soledad, y al parecer le enseñó a quedarse quieto sobre la tumba de John Gray para tener una agradable historia que contar a los visitantes del céntrico camposanto, quienes indefectiblemente regaban con lágrimas al fiel perro una vez que conocían el motivo de su presencia allí. La ciudad ganaba turistas, el perro vagabundo ganaba comida y cuidados, y por supuesto el jardinero James Brown (sí, a mí también me hizo ”sentir bien” el nombre) se ganaba unas propinas de cuidado por mimar a la atracción turística perruna favorita de Edimburgo. Curiosamente, hoy en día la tumba de Brown también es muy visitada (véase foto superior derecha).

En fin, una vez más hay que recordar aquello de que las apariencias engañan.

Por cierto, si visitáis la capital de Escocia y no sois aficionados al whisky (como nos pasó a nosotros) podéis dedicar una noche a asistir a las (muy recomendables y en castellano) excursiones guiadas gratuitas que organiza City Explorers Edinburgh. Nosotros, ambos absolutamente incrédulos con cualquier cosa que suene a parapsicología, asistimos a una excusión por los “closes” (callejones) y cementerios más antiguos de la ciudad llamada “Ghost Tour”. Afortunadamente nuestro guía (Pablo de Pontevedra, licenciado en historia) convirtió la gira fantasmal en un viaje al pasado que nos permitió comprender las condiciones, miserables, que vivieron los habitantes de la capital escocesa en la época de la caza de brujas (siglos XVI y XVII). Fueron tantas y tan brutales, que hace unos años el parlamento escocés – en un gesto que le honra – pidió disculpas públicamente por las tropelías realizadas durante la época.


4 Comentarios

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AxilAxil

Recuerdo tropezar casualmente con esa tumba y exclamar “¡Coño! ¡Mr. Hume, el ateo!”. Tuve un profesor de filosofía muy expresivo en su momento, qué le vamos a hacer.

MiguelMiguel

Hola,Si yo tuviera un único día -¡qué digo!, una única hora disponible- en Edimburgo, no lo dudaría e iría a visitar el monumento a Sir Walter Scott,
Un saludo y gracias

JoséJosé

Es una ciudad que te invita a volver para seguir descubriendo. Yo ya he pasado por allí unas tres veces y volvería sin duda 🙂

Por cierto, recomiendo ir también en los meses de verano, es totalmente otra ciudad gracias al festival que organizan: teatros, actuaciones callejeras y música todos los días. Brutal.

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