Los ingenieros y su sentido del humor

A falta de adaptador confía en mi soy ingeniero ¿Sabéis ese del primer día de trabajo de un ingeniero? El hombre llega acompañado por el director del departamento que le lleva hasta la zona de trabajo, una gran sala compartida donde cada ingeniero tiene un pequeño cubículo separado por unas finas paredes de pladur a media altura.

El ingeniero jefe le asigna un trabajo, le pide que sea todo lo eficiente que pueda en sus tareas y se marcha.

Después de unos pocos minutos de trabajo en silencio, desde uno de los cubículos alguien grita un número: “doscientos setenta y tres”. Todo el mundo en la oficina suelta una carcajada, tras lo cual vuelven diligentes al trabajo en un silencio sepulcral, solo roto por el sonido de los múltiples teclados en acción.

Pocos minutos más tarde desde otro cubículo alguien dice otro número en voz alta mientras que todos los demás responden de igual forma con una sonora carcajada. Todos menos el recién llegado claro, que se asoma al cubículo de su compañero más cercano y le pregunta que de qué va todo ese asunto de las risas.

“Bien”, le responde el veterano ingeniero, “para no perder eficiencia, hemos asignado un número a todos los chistes que conocemos, de modo que cuando alguien quiere contar uno simplemente tiene que darnos la referencia numérica del chiste. Como tú eres nuevo, seguro que querrás bajarte la lista del servidor y ponerte al día con nuestra base de datos de humor”.

Un par de días más tarde, el nuevo ingeniero decide que ya es hora de intentar poner a prueba su sentido del humor, por lo que comprueba la base de datos y decide asegurarse con un chiste buenísimo: el 39, así que traga saliva y desde su cubículo en voz alta y clara resuena un “treinta y nueve”.

La oficina permanece en silencio, parece que algo no ha funcionado. Atónito, vuelve a asomarse al cubículo de ingeniero veterano y le pregunta:

“¿Por qué no ha habido ninguna carcajada con el chiste 39? ¿Es que no os parece gracioso?”

“Oh sí”, responde el veterano, “ese chiste es desternillante. Pero ya sabes… algunos ingenieros simplemente no tenéis gracia contando chistes”.

Me enteré leyendo Starkeffects.


3 Comentarios

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José Antonio Neyra CastroJosé Antonio Neyra Castro

Felicitaciones amigo Miguel por su Blog.
Abrazos desde mi patria: Perú.

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