Horace Wells, o el dolor de descubrir como parar el dolor

El gas de la risa era un divertimento Entre las historias de serendipia más trágicas se encuentra la del descubrimiento de la anestesia, que se atribuye al dentista estadounidense Horace Wells (1815-1848). Con todo, el inicio del relato es en cierto modo humorístico, ya que las dotes de observación de Horace se iniciaron en una feria, mientras presenció el uso del oxido nitroso (o gas de la risa) de forma lúdica. Por aquellos tiempos la gente se desternillaba de risa observando los efectos que este gas provocaba en quienes lo inhalaban, que comenzaban a aullar como hienas para diversión de quienes lo presenciaban.

Sucedió que aquella tarde, el 10 de diciembre de 1844, Wells y su esposa asistían a una gran exhibición de óxido nitroso realizada por Gardner Q. Colton, conferenciante viajero que recorría el país con su show. En aquella exhibición que tuvo lugar en Hartford, (Vermont, el lugar de nacimiento de Wells) un farmacéutico local llamado Samuel A. Colley se hirió una pierna mientras corría como un loco sobre unos bancos de madera bajo la influencia del óxido nitroso. Este buen hombre no se dio cuenta de sus heridas mientras permaneció intoxicado por el gas, lo cual le hizo a pensar al dentista Wells que allí podría encontrarse el codiciado remedio para el dolor que llevaba años buscando para hacer de su profesión algo menos “temible”. Por ello, acordó realizar unas pruebas con el feriante Colton para probar el gas como anestésico.

Wells_Horace Las pruebas, realizadas en público en Boston en 1845 no fueron todo lo bien que Wells hubiera deseado. Intentaron convencer a un paciente que tenía que someterse a una amputación de que colaborase, pero este se negó. Finalmente, se le extrajo un diente a un estudiante mientras se encontraba bajo los efectos del óxido nitroso. Las crónicas dicen que el estudiante gritó, aunque cuando volvió en si reconoció que el dolor había sido menor que en anteriores ocasiones. Tras este fracaso, el dentista de Hartford regresó a su casa humillado, atribuyendo el fallo de la completa insensibilidad durante la operación al estudiante, que en su opinión había inhalado el gas demasiado pronto.

Para aumentar su desgracia, su antiguo socio en la clínica dentista: William Morton, realizó una exhibición exitosa sobre los efectos de la anestesia en 1847. Hundido, Wells siguió buscando sin éxito el reconocimiento público y oficial como descubridor de la anestesia. En 1848, en la ciudad de Nueva York, arrojó ácido sulfúrico a dos mujeres mientras se encontraba bajo la influencia del cloroformo. La policía le detuvo y entró en prisión. Avergonzado por sus acciones, Wells se suicidó el 23 de enero de 1848 inhalando cloroformo y seccionándose la arteria femoral.

Irónicamente, su suicidio asistido por cloroformo antecedió unos días a la primera muerte que la literatura médica atribuye a la aplicación de cloroformo como anestesia, la acaecida a Hannah Greener.

Pese a este fin trágico, hoy en día la historia le recuerda como el primer odontólogo en emplear anestesia.

Me enteré leyendo Anesthesiology.

Deja un comentario

Tu email nunca será mostrado o compartido. No olvides rellenar los campos obligatorios.

Obligatorio
Obligatorio
Obligatorio

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>