Enfríame la mano o me bajo de la bici estática

avacore

Lo confieso, los pies de mi señora son carámbanos perpetuos. Puedo imaginar la soledad de un átomo de hidrógeno perdido en la inmensidad del oscuro espacio, próximo al cero absoluto, cada vez que uno de sus talones me roza en la cama cada invierno.

Perdóname Pilar, hazte a la idea de que esto no lo lee nadie, apenas cuatro amigos. Sé que sabrás excusarme esta pequeña indiscreción de nuestras intimidades de alcoba. Sé también que muchos hombres casados me entienden en este momento, y sonríen imaginando la que se me viene encima cuando llegue a casa.

Y sin embargo, hoy quiero darle las gracias a los pies de mi señora, porque a lo mejor – sin ella saberlo – su gélida y polar temperatura han podido ayudar a que un gordo como yo, muy dado a comerse la cabeza en la cama, haya esquivado el agotamiento por su mero contacto.

¿Cómo es eso? Bien, si nos atenemos a lo que acabo de leer en UPI, científicos estadounidenses han hecho un pequeño estudio con mujeres obesas a las que hacían portar un “utensilio enfriador de manos” mientras hacían ejercicio.

Si no fuera porque he encontrado referencias a este chacharro ya en 2006, y porque detrás de él se encuentran científicos de la Universidad de Stanford (la investigadora jefa del trabajo es Stacey T. Sims) la verdad es que me lo tomaría por una noticia 100% magufa.

El experimento funcionó más o menos así: durante doce semanas 24 señoras “opulentas” con edades comprendidas entre los 30 y 45, hicieron ejercicios con una mano dentro de un cilindro que contenía agua. Pero ahora viene la diferencia, 12 de esas señoras sudaron la gota gorda en el gimnasio agarrando un cilindro de agua a una temperatura de 16ºC, mientras que la otra mitad de las participantes, hacía lo propio con un cilindro idéntico aunque con agua a temperatura de 37ºC (que como sabéis es la temperatura corporal).

Las participantes no sabían la diferencia en las temperaturas de sus dispositivos y realizaron siempre los mismos ejercicios.

¿El resultado? El grupo de control se cansó primero y dejaron el experimento antes. En cambio, las mujeres que usaban el dispositivo de enfriamiento seguían dándole duro como el conejito de duracel, y no tuvieron problemas de desgaste porque se sentían cómodas haciendo ejercicio.

Además, las portadoras del enfría-manos destinaron 5 minutos extra (de media) a caminar unos 2 kilómetros, perdieron unos 6 centímetros de cadera, rebajaron su presión arterial en reposo y mejoraron el ritmo cardíaco durante las fases de ejercicio.

Por cierto, el artilugio original cuesta unos 3.000 dólares (cosas de la patente, seguro), pero he leído por ahí que para conseguir un efecto similar basta con hacer gimnasia agarrado a una botella de agua fría. Así que ya sabéis, si a partir de ahora os encontráis a alguien en el gimnasio haciendo footing con una mano agarrando una botella de La Casera bien fría, o levantando pesas en el banco con un pie dentro de una pecera fresquita, no está loco, está siguiendo las indicaciones de unos científicos muy serios de Estados Unidos.

Según puedo leer en la web del artilugio, este dipositivo es efectivo porque envía sangre fresca del vuelta al cuerpo, reduciendo la sudoración y acelerando el proceso natural de la termorregulación de los mamíferos. Este proceso es simplemente la forma en que disipamos el calor corporal, los perros por ejemplo lo hacen sacando la lengua, pero los humanos usamos las palmas de las manos para ello.

Cuando un humano se acalora, la sangre fluye de forma natural hacia esos lugares de disipación, y al parecer el Avacore potencia ese proceso retrasando la aparición de la fatiga.

Así pues, volviendo al tema de mi mujer, es bueno saber que durante estos años comiéndome la cabeza en la cama por la noche, pensando en como llegar a fin de mes, y ejercitando mi mente para superar la crisis, el contacto de su gélido pie contribuía a que no me fatigase. ¡Gracias cielo!

Por cierto, el trabajo se hizo público durante la reunión anual que la AHA (Asociación Americana del Corazón) organizó en San Diego, dedicado a Epidemiología y Prevención/Nutrición, Actividad física y Metabolismo.

7 Comentarios

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Lucía OlivaLucía Oliva

¡Qué entrada tan interesante! Resulta curioso, la verdad.

No he podido evitar notar que el link de la web del artilugio no funciona.

¡Un saludo!

oscaroscar

los jugadores de futbol americano de EEUU en los equipos medianamente grandes y en las universidades con presupuesto decente, tienen cacharros de esos para las muñecas y algunos para la nuca, y en cuanto salen los jugadores del campo los que estan mas acalorados se ponen a usar esos cacharros. Imagínate la de calor que se pasa con todas esas protecciones y demas!

krollian

Ojo. Que alguien se va a acostumbrar a tener una botella fría en la mano mientras hace ejercicio y como le falte le va a dar una bajona…

Ya imagino aguadores y aguadoras acarreando botellines por todos los gimnasios de España…

AndreaAndrea

Que buen articulo! Gracias! Ahora cuando mi marido se queje de mis pies frios, voy a poder decirle que es por su bien! :-)
Una pregunta…hay algo en especial en los pies de las mujeres? Todos los hombres se quejan de que las mujeres tienen los pies frios (y en la mayoria de los casos es cierto)…y la verdad es que los hombres no…por que??

GabrielGabriel

yo soy de tener manos y pies frios y soy hombre, y la verdad no entiendo por que soy así por que yo soy delgado por lo que mi metabolismo es rapido y al ser el metabolismo rapido deberia generar mas calor, alguin conoce alguna explicación para un caso como el mio?

EvidenciaEvidencia

Evidencia: Las mujeres tienen mas a menudo los pies frios por que cruzan mas las piernas y esto produce que circule menos sangre.

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