¿Sabe distinto un sandwich en Marte?

La respuesta podría ser no, al menos según un nuevo trabajo que cree haber probado que no se producirán cambios en las semillas de trigo de generaciones posteriores a las que viajen por el espacio interplanetario.

El biólogo molecular Robert Ferl de la Universidad de Florida y sus colegas, estudiaron semillas de trigo descendientes de plantas que volaron en la estación espacial rusa MIR. Las plantas progenitoras permanecieron en el espacio 167 días en 1991, y cuando regresaron a la Tierra, dieron origen a semillas viables. Después de haber cultivado cuatro generaciones de plantas a partir de aquellas semillas, los investigadores analizaron la expresión genética en las plantas de trigo como forma de medición sensible de potenciales efectos que hubiesen perdurado desde el vuelo espacial. Observaron miles de genes y no descubrieron cambios significativos en el modo en que estos se expresaban, cuando se les comparaba con las plantas de un grupo de control cuyos antecesores jamás habían viajado al espacio.

Esto sin duda es una Buena noticia para los futuros granjeros marcianos. Simplemente podrán llevarse un buen puñado de semillas terrestres, atravesar vastas distancias interplanetarias en microgravedad y luego ser cultivadas en invernaderos extraterrestres.

En cuanto a cultivar en ambientes gravitatorios distintos al terrestre, estudios anteriores habían descubierto que en ambientes ingrávidos se pueden cultivar plantas, aunque a menudo estas crecen de forma diferente. A veces incluso se hacen más altas pues no cuentan con una fuerza que tire de ellas hacia abajo.

“Cuando las plantas están en órbita, exhiben cambios en la expresión de sus genes debido a la variación medioambiental”, explica Ferl.

Pero nadie había comprobado si esos cambios que se dan en las plantas durante su experiencia especial, se traspasan luego a generaciones posteriors. Este nuevo estudio, publicado en la edición de mayo de 2009 de la revista Astrobiology, descubrió que esto no sucede.

En otras palabras, podemos confiar en que el trigo marciano seguirá siendo trigo.

Eso no significa que no nos vayamos a encontrar con retos a la hora de transportar y cultivar plantas terrestres en otros planetas.

Por ejemplo, las plantas que se cultiven en el espacio o en otros planetas, podrían verse expuestas a una mayor radiación solar y cósmica. En la Tierra, nos vemos guarnecidos de esta radiación gracias a la atmósfera y la magnetosfera.

Se estima que el viaje medio a Marte tomaría seis meses (180 días) y una vez allí, las plantas se verían expuestas a niveles más altos de radiación puesto que atmósfera en el planeta rojo es realmente tenue.

“Creo que el exceso de radiación acumulada a lo largo del tiempo terminará siendo un problema”, opina Ferl.

Tratar con este peligro es una de las prioridades de los científicos que planifican las futuras misiones de exploración espacial, porque los humanos – al igual que las plantas – somos vulnerables a los daños producidos por la energética radiación. Los ingenieros deberán ser capaces de diseñar escudos más fuertes tanto en las naves espaciales como en los hábitats planetarios.

Otra de las dificultades tiene que ver con la variedad de suelo empleada en los cultivos.

A pesar de que algunos de los minerales requeridos por las plantas podrían existir en otros planetas, otros nutrientes vitales tendrían que ser transportados desde la Tierra. Como el envío interplanetario de mercancías vía cohete resulta tan caro, los astronautas deberán de ser capaces de extraer – o crear – el mayor número posible de materiales en su lugar de destino.

El suelo marciano es rico en azufre, y hasta el momento no sabemos si las semillas terrestre prosperarían o no en aquel suelo alienígena. Para desempeñar varias funciones, las plantas en la Tierra se apoyan también en la rica diversidad microbiana de nuestros suelos. El suelo en Marte, hasta donde sabemos, no cuenta con estos organismos, de modo que estos microbios “amistosos con la planta” probablemente deban ser transportados desde la Tierra junto a las semillas.

Visto en Livescience

10 Comentarios

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Cabezón

No estoy de acuerdo con el título del artículo. Creo que un bocadillo hecho en Marte sabría distinto si los materiales son locales. Puede que seas porque se trata de cultivos hidropónicos, o por la distinta composición del suelo marciano, tal vez la distinta luz… son demasiadas variables que pueden influir de forma nimia en algo tan difícil de definir como el sabor. ¿Acaso no saben distintas las cosas en la Tierra según donde se cultiven?
Eso sí, “distinto” no quiere decir necesariamente peor. Podría resultar que los bocadillos marcianos son los más ricos del sistema solar. Me guistaría probarlos…

AlejandroAlejandro

Esta bien, a ver si empiezan pronto a mandar esas bacterias, algas y demas biodiversidad para empezar a enriquecer la atmosfera y el suelo marciano como en la pelicula aquella… espero vivir para ver al menos el comienzo.

Defero

No termino de entenderlo. Si se hacen experimentos para ver si las plantas dan semillas distintas tras estar en el espacio, es porque a priori no se sabe, es más, se sospecha que puede ser así. ¿Y a qué mecanismo se le puede atribuir tal mutación? Es decir, ¿de qué factor se sospechaba que podría provocar mutaciones? Del texto, aunque no me queda del todo claro, extraigo dos posibles factores: la radiación solar y cósmica, o los factores ambientales.

El primer factor me sorprende: ¿tan fuerte es esa radiación que puede provocar mutaciones genéticas? El segundo me decepciona: ¿volvemos al lamarquismo? Aceptaría de buena gana que los factores ambientales peculiares del espacio condicionen la selección natural de ciertos especímenes mutados aleatoriamente, pero no me creo que hayan realizado tales estudios sólo para asegurarse de que no actuarán las fuerzas de Lamarck.

¿He malinterpretado el artículo? ¿Alguien me lo aclara?

Cabezón

Las radiaciones en el espacio son fuertes y provocan mutaciones. Por algo todos los astronautas se protegen y cuando han estado mucho tiempo “allá arriba” se hacen análisis. No hay atmósfera que proteja de la radiación ionizante del Sol o de otras fuentes (rayos cósmicos).
De lo que se trata es de ver la importancia de esas posible mutaciones. A lo mejor el riesgo no es tan elevado como nos parece. De ahí la importancia de estas investigaciones.
En cuanto al lamarquismo, no creo que sea eso. Pero si las semillas han estado expuesta a radiaciones ionizantes, es posible que desarrollen mutaciones que den lugar a cambios importantes. Otra cosa es que esos cambios sean buenos o malos para la especie…
Pero una de las formas de forzar mutaciones en biología es precisamente someter a los individuos (o sus gametos) a radiaciones ionizantes como las que existen allá arriba.

Defero

En ese caso me declaro sorprendido, y no decepcionado. No sabía que la radiación espacial tuviera ese efecto. Así que felicidades a Maikelnai y a Cabezón, porque entre los dos habéis conseguido sorprenderme. :-)

FabiánFabián

Usar microarrays para decir que un especimen es igual a otro es totalmente incorrecto, con suerte sirve como aproximación, pero nada más, los microarrays comparan los niveles de mRNA, el cual es un producto intermediario entre el gen y el producto final que es la proteína codificada por ese gen. Una cantidad mayor (o menor) de mRNA no implica necesariamente una cantidad mayor (o menor) de la correspondiente proteína. La única conclusión que se puede obtener (al menos con el abstract) es que los niveles de mRNA no varían. El resto solo son especulaciones.

SambernardoSambernardo

De hecho, me agradaría poder acotar que las radiaciones ionizantes de menor repercusión en todo organismo terrestre es la UV(y todos sabemos que ésta es Cancerígena, lo que no se sabe es que el espectro más cancerígeno de la UV, la UV-C es totalmente filtrada por la atmósfera, mientras que las restantes, la UV-A que es la que llega en mayor proporción es completamente inofensiva y la UV-B que llega en una proporción enormemente menor es ya cancerígena aunque en mucho menor grado que la UV-C, además de ser la que se dice causa el cáncer de piel y las quemaduras solares), y, a partir de ella, encontramos que, cuanto mayor energía posea el fotón es más mutagénica, pero poco a poco van siendo filtradas, algunos espectros más que otros por parte de la atmósfera, la cual no existe en objetos no tan masivos del espacio.

Es siempre un gusto el poder leer, sea al mismo artículo traído a nosotros por maikelnai, o a cabezón, que siempre aporta interesantes opiniones.

Cabezón

Permíteme discrepar, pues los rayos UVA no son inofensivos; de hecho, es el proceso de formación de melanina en nuestra piel lo que nos permite defendernos de su agresión.
Cuanta más oscura sea la piel, menos efecto producen en nuestro cuerpo.
El exceso de UVA produce cáncer, y eso está más que comprobado. Sobre todo en aquellas personas de piel clara o mal pigmentada (pecas).
Con lo demás, de acuerdo, los UVB son filtrados por la capa de ozono, por lo que su incidencia ahora es mayor que hace unas décadas, y los UVC son mortales: de hecho se usan en aparatos esterilizadores, precisamente por ese motivo.
Aprovecho para comentar que la gente suele mezclar todas las radiaciones en el mismo saco, y así se dicen muchas estupideces acerca de las radiaciones de los móviles… que sí existen pero no son ionizantes. Por lo tanto, son inofensivas.

LupiLupi

¿¿¿Alguien recomienda algún artículo para que los no versados en la matería podamos enterarnos que es eso de radiación ionizante y no ionizante, etc… ???

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