Cyrano de Bergerac se adelantó a Newton, a Verne y a Werner von Braun

La historia real de este peculiar personaje histórico es prácticamente desconocida, debida a la popularidad alcanzada por el alter ego literario creado por Edmond Rostand, obra en honor a la cual se han compuesto óperas y se han filmado varias adaptaciones cinematográficas (a todos se nos viene a la mente Gerard Depardieu). Esta fagocitación por parte del romántico personaje ficticio (el de la nariz inconcebible), hace que pocos se hayan acercado a la persona real, un escritor y librepensador francés de pasado militar, famoso por su arrojo, arrogancia y su tendencia a la fantasía.

Podríais preguntaros ¿qué pinta un escritor francés del siglo XVII en un blog de ciencia? Pues el caso es que el verdadero Cyrano se merece un lugar en la historia de la ciencia ficción por haberse adelantado a Verne a la hora de escribir la primera obra fantástica espacial. Lo cierto es que en algunos aspectos superó incluso a Newton.

Leyendo esta tarde su obra “L’Autre Monde ou Estats et Empires de La Lune“, que en España conocemos con diferentes títulos, como “El Otro Mundo”, “El Viaje a la Luna” o “Historia Cómica”, me he quedado realmente sorprendido por las descripciones “técnicas” que Cyrano hace de su viaje a la luna.

Todos hemos leído muchas veces las asombrosas coincidencias con el Proyecto Apolo reveladas por la imaginación de Verne en su “De la Tierra a la Luna” (escrita en el siglo XIX). Sin embargo poca gente sabe que en 1657, 30 años antes de que Newton publicase el que para muchos es el libro más importante de la historia de la ciencia: “Philosophiae Naturalis Principia Matematica“, Cyrano describió un viaje a la luna en una nave de varias etapas sustentada por cohetes (que iban cayendo a tierra conforme se agotaban), y escribió la que parece ser la primera descripción del estado de ingravidez.

En la propia novela se puede leer (página 11), cuando en Québec descubre que los lugareños están a punto de prenderle fuego a su nave, cómo tras lanzarse a toda prisa a su interior, esta se eleva gracias a diferentes fases de seis cohetes (uno más que los usados por la Saturno V) que van prendiéndose sucesivamente:

“Y tan grande fue mi dolor al ver en considerable peligro la obra de mis manos, que fui corriendo a coger el brazo del soldado que encendía el fuego. Le arranqué la mecha y frenéticamente me metí en mi máquina para romper el artificio de que la habían rodeado. Pero ya llegué tarde, porque apenas hube metido los dos pies fui elevado hacia las nubes. El horror que me invadió no me consternó tanto ni alteró mis facultades hasta el punto de que no pueda acordarme de todo lo que en aquel momento me sucedió. Porque en el mismo instante en que la llama devoró parte de los cohetes que estaban dispuestos en grupos de seis por medio de una atadura que reunía cada media docena, otros seis se encendieron y luego otros seis, de tal modo que el salitre, al encenderse, al mismo tiempo que acrecía el peligro lo alejaba. Sin embargo, cuando ya estuvieron consumidos todos los cohetes, el artificio faltó, y cuando ya soñaba yo dejarme la cabeza pegada a cualquier montaña, sentí sin moverme casi que mi elevación continuaba y que libertándose de mí la máquina volvía a caer sobre la tierra.”

Pero lo que de verdad me llamó la atención fue la descripción de la sensación de pérdida de peso y equilibrio, y la narración del lugar entre ambos astros en el que esto sucedió:

Cuando ya hube atravesado, según el cálculo que yo me hice después, mucho más de las tres cuartas partes del camino que separa la Luna de la Tierra, me vi de pronto dar con los pies en alto, y esto sin que me cayese de ninguna manera, y no me hubiese dado cuenta de ello, seguramente, si no hubiera notado gravitar sobre mi cabeza la carga pesada de mi cuerpo. Yo me daba muy buena cuenta de que no caía hacia la Tierra, porque aunque me encontrase entre dos lunas y aunque notase perfectamente que a medida que me acercaba a una de ellas me alejaba de la otra, estaba convencido de que la más grande era nuestro planeta, porque como al cabo de uno o dos días de viaje las refracciones alejadas del Sol venían a confundir la diversidad de los cuerpos y de los climas, se me aparecía ya solamente como una gran placa de oro. Esto me hizo pensar que iba dirigiéndome hacia la Luna, y me confirmé en esta opinión cuando recordé que había empezado a caer a las tres cuartas partes de mi camino, porque, me decía yo para mis adentros, como esta masa es menor que la nuestra, es lógico también que su esfera de actividad sea de menor extensión y que, por consiguiente, haya sentido más tarde la fuerza de su centro.

Me pregunto si Newton habría leído este divertimento cómico. Parece ser que quien si lo hizo, durante su infancia, fue Werner von Braun así que cabe pensar que un poquito de Cyrano si llegó a la luna de la mano del creador del Saturno V.

Podéis leer la obra completa, traducida al castellano, en Libros Gratis.

3 Comentarios

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AlejandroAlejandro

No conocía de este obra. Desde ahora la agrego a mi lista de pendientes.

Hay una obra previa de un viaje a la luna se llama “Somnium” y fue escrita por Johanes Kepler, matemático y astrónomo. La escribió entre 1620 y 1630 y fue publicada póstumamente en 1634. En ella expone la falta de gravedad y otras cosas en las que pudo basarse Cyrano y que de hecho se basó Newton para su teoría de la gravedad universal. Cuando Newton dijo, en un ataque de momentanea modestía, que el llegar tan alto era porque estaba parado en hombros de gigantes, seguramente se refería a Kepler.

Saludos

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Cyrano de Bergerac se adelantó a Newton, a Verne y a Werner von Braun

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